Esto es… El País en el que vivimos…

Hoy no os voy a hacer ninguna recomendación de ningún rincón de Malasaña. Sólo os quiero contar una historia: Lo que viví ayer en la Plaza de Santa Bárbara. Será una historia algo larga, pero que os agradecería enormemente que compartieseis con vuestros contactos en Facebook, Twitter o por correo electrónico. Me gustaría que todos fuésemos conscientes del mundo en el que estamos viviendo…

Ayer vinieron unos amigos a vernos a Madrid. Salimos a cenar y, cuando les estábamos acompañando sobre las doce de la noche a la parada de metro de Alonso Martínez, en la Plaza de Santa Bárbara, nos encontramos a dos hombres: Uno sentado en un banco, con la cabeza agachada, llorando y fumando y otro que nos pidió por favor si podíamos llamar al 112. Acababa de solicitar que enviasen una unidad del Samur Social para que viniesen a recoger a Alberto, que así se llamaba, y mientras se mantenía a la espera de que le confirmasen que enviarían a alguien, se le había terminado la batería del móvil.

Por supuesto, llamamos. Nos dijeron que darían aviso y que el hombre tendría que esperar un rato, lo que nos sonó como que la espera no serían cinco minutos, ni diez… Ni quince… Le dijimos a los dos hombres que íbamos a acompañar a nuestros amigos al metro y que volveríamos para esperar con ellos. Nadie quería dejar solo a Alberto en ese momento.

Cuando volvimos, nos enteramos que Alberto tenía 52 años. Era de Oviedo y toda su vida había trabajado en la construcción. Cuando la situación se convirtió en insostenible en su ciudad, decidió probar suerte en Madrid, pero la situación aquí tampoco le estaba resultando fácil. Entre lágrimas, sólo alcanzaba a decirnos que no podía más, que llevaba tres días enteros sin dormir, que tenía mucho frío y que cuánto tardaría el Samur Social… Eso sí, sin dejar de decir entre frase y frase que no quería molestarnos y que nos fuésemos a nuestras casas…

Mientras tanto, el hombre que había llamado por primera vez al Samur, nos contó que era de Lugo, gallego, como nosotros. Le preguntamos a Alberto si quería comer o beber algo. Nos pidió un café solo, algo que por el horario, nos fue imposible conseguir, porque todos los negocios hosteleros de alrededor ya estaban cerrando y otro hombre, acompañante del primero que llamó al Samur Social, apareció con algo de comida, que rechazó, porque Alberto, agotado, lo único que necesitaba era una cama y entrar en calor…

El último hombre que apareció, también gallego, nos contó qué hacían en Madrid: Con una enorme tristeza, nos dijo que venían de enterrar a una hermana y por supuesto, le dijimos que no se preocupasen por nada, que se fuesen a descansar y a estar con su familia, que nosotros nos quedábamos con Alberto hasta que viniesen a buscarle, lo que nos agradecieron muchísimo y se marcharon, entre lágrimas. Creo que sus lágrimas eran por su situación personal y por la que estábamos pasando. No podían dejar de decir “¡En qué mundo estamos viviendo!”

Tras nuestra espera, de más de media hora, con un frío espantoso, decidimos volver a llamar al 112, y cuál fue mi sorpresa cuando me comunicaron que el aviso estaba pasado, pero que únicamente tenían 2 unidades móviles para todo Madrid, y que, aunque les encantaría decirme que estarían en diez minutos, no podían asegurarme el tiempo que tardarían en llegar… Dos unidades móviles para todo Madrid, habéis leído bien…
 
Alberto no dejaba de llorar. Nos miraba y nos decía que tenía mucho sueño y que no podía más, una y otra vez… Le dijimos que se recostase en el banco, que nosotros nos quedaríamos con él y que le avisaríamos en cuanto llegase el Samur… “Aquí no viene nadie”, decía…

Esperamos y esperamos… Y desesperamos, como Alberto, que sentado de nuevo, porque tumbado se moría de frío, comenzó a quejarse de un dolor en el pecho y me dijo que padecía del corazón… Decidí llamar al 091… Les conté la historia de Alberto y me dijeron que llamase al 092, que allí se encargarían de mandar a alguien para trasladarle a un albergue…

Llamé al 092 y les conté la historia de Alberto, que llevábamos más de una hora esperando por el Samur Social, que lloraba, que estaba cansado, que tenía mucho frío y que había comenzado a quejarse de un dolor en el pecho y que estábamos en medio de una plaza y que no queríamos estar solos con él si le pasaba algo, porque desconocíamos por completo cómo actuar… Creo que soné realmente desesperada, tenía las lágrimas asomando en mis ojos y en mi voz, y la mujer policía que me atendió, me dijo que no me preocupase, que mandaba ya a alguien…

Y así fue, tras más de una hora esperando, aparecieron la Policía, el Samur y el Samur Social… Lo cierto es que se portaron muy bien y subieron a Alberto a la unidad móvil del Samur, para echarle un vistazo porque no dejaba de decir que se encontraba fatal… Le dejamos allí, y me despedí de él. Me cogía la mano y no dejaba de decirle a todos lo bien que nos habíamos portado con él. Es increíble que incluso en situaciones así, la gente tenga fuerzas para seguir siendo una buena persona. Mientras tanto, la Policía esperaba con los asistentes sociales. Creo que, por lo menos ayer, Alberto durmió en una cama.

Desde entonces no puedo dejar de pensar en qué coño es a lo que damos importancia en este maldito país. Cientos de asesores para esos políticos que están ahí haciendo y deshaciendo a su antojo, cargos de confianza que reciben sueldos millonarios y que no sirven absolutamente para nada y mientras tanto, esta sociedad se desmorona, sin vivienda, sin trabajo, sin nada. Cada día veo a más gente en la calle; gente que ha sido como tú o como yo y que ahora pide dinero para dar de comer a sus familias y esos, los que están ahí arriba, deciden recortar gastos en unidades como el Samur Social, algo que es tan importante y fundamental para dar cobijo a muchas personas que lo único que quieren es trabajar, comer y dormir en un lugar donde no se congelen de frío… ¿Es que pedimos tanto? 

No quiero entrar en debates políticos, de verdad, ni en derechas, izquierdas o centros. Sólo quería contaros la historia de Alberto. Poner nombre a una situación que cada vez es más habitual en nuestras calles. Me niego a pensar que vivo en una sociedad deshumanizada. Ayer comprobé que hay buenas personas. Me quedaré con eso. Y si queréis que os diga la verdad, quizás yo no sea demasiado buena, porque deseé ver a más de un político en esa situación. Quizás entonces les diese por pensar…
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10 thoughts on “Esto es… El País en el que vivimos…

  1. Tan cierto todo…
    No puedo decir que me ha encantando leer esta historia, pero sí la manera en la cual has expresado todo lo que pasó y lo que esta pasando ahora en España.
    Yo, por ser extranjera (pero trabajo aqui desde hace varios años), me cuesta cada vez más ver todo lo que esta pasando, todos estos gastos, este dinero, y sentirse impotente sin poder hacer mucho…

    Marie

  2. Muchísimas gracias por dedicar un rato de tu vida a leer esta historia. Es tremendamente triste, pero compartiendo lo que está sucediendo, es posible que la gente comience a dar importancia a las cosas que realmente la tienen…

    Un abrazo enorme 🙂

  3. Seguro Oscar que tú también habrías hecho lo mismo. Hay que ser muy mala persona para no actuar de ese modo. Lo peor, y lo más triste de todo, es que seguramente Alberto hoy esté en la calle… Y es lo que no he podido dejar de pensar en todo el día… Muchísimas gracias por dedicar un rato a leer esta entrada.

    Un abrazo.

  4. Lo peor es que hay montones de albertos por todas partes y no se ven trazas de mejoría. A ver si por lo menos sacamos algo positivo de todo esto, aprendemos de los errores cometidos y reorganizamos prioridades.
    Besitos.
    M. José

  5. La historia de Alberto es la historia de mucha, mucha gente en muchos lugares de nuestro país, en nuestra ciudad, e incluso en nuestro barrio. Los políticos hacen mal las cosas, sí. Pero no es solo tarea de ellos cambiar este mundo ni esta situación. Hay mil opciones de aportar nuestro granito de arena, voluntariado en entidades como Cruz Roja, Càritas, bancos de alimentos existentes en cualquier ciudad, comedores sociales, etc. Si no cambiamos nosotros el mundo, nadie lo cambiara…

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