SER UNA “MUJER REAL” NO ES CUESTIÓN DE PESO

No me gusta nada el concepto de mujer real, como si por una cuestión de peso, unas fuesen más que otras. Últimamente parece como si tener una talla 36 te hiciese ser menos mujer que las que hoy en día se tienden a llamar – término que odio, por cierto – “curvy”.

A mí no me hace más o menos mujer llevar una determinada talla. Durante años se ha luchado contra campañas de moda que utilizaban modelos que parecían irreales por su delgadez, algo que todos criticábamos y nos echábamos las manos a la cabeza. Por lo general, ese tipo de campaña me espanta, sobre todo porque muchas marcas orientadas a mujeres adultas utilizan a modelos que apenas llegan a la mayoría de edad, lo que significa que algunas todavía están en la época de desarrollo y evidentemente es imposible que luzcan la ropa de la misma manera que una mujer de cuarenta, por poner un ejemplo. Creo que las marcas que se dirigen a un público más adulto deberían utilizar modelos acordes a las personas que compran sus prendas, pero eso es ya otra historia…

Ser una mujer real no significa llevar una determinada talla. Es tan mujer quien luce una 34 como la que luce una 44. Ni las curvas, ni las largas melenas, ni llevar tacones, maquillarnos o pintarnos las uñas nos hace más o menos mujer, son sólo elecciones de cada persona. El problema radica en creer que todo lo que vemos en los medios y las redes sociales es lo que debe de ser. Cada una de nosotras tenemos el derecho a elegir lo que nos gusta, a sentirnos bien con nosotras mismas independientemente de las modas o las tendencias. No permitas que nadie te diga cómo debes de ser o a sentirte mal cuando te enfrentas a tu imagen en el espejo.

Lo más importante de todo es asumir cómo somos cada persona, independientemente de nuestro sexo, cuidando nuestra salud y estando en nuestro peso, porque hay metabolismos diferentes y al igual que no todas las mujeres con curvas las tienen porque coman más de la cuenta, tampoco todas las mujeres delgadas significa que se maten de hambre para entrar dentro de los cánones que esta maldita sociedad a veces parece querer imponernos.

Tener una talla grande no es malo, como tampoco lo es tener una talla pequeña y ninguna es mejor que otra. Yo soy real ahora y también lo era cuando pesaba unos kilos más. Tod@s deberíamos aprender a no etiquetar a la gente, a no inventar nuevos términos absurdos como el de “curvy” para denominar lo que siempre se ha conocido como tallas grandes. Tod@s deberíamos aprender que las etiquetas son sólo eso, etiquetas, y que no deberían influir en nuestra vida negativamente. Estar flaca o estar gorda no te convierte en una flaca o una gorda, es sólo una característica más de tí, pero no el conjunto de toda tu persona. 

No deberíamos olvida nunca que lo bueno es lo que nos hace sentirnos bien y en paz con nosotr@s mism@s, y no me refiero únicamente a lo físico, sino también a todo lo demás, así que aprende a valorarte y a quererte tal y como eres, y que nadie te diga cómo debes de ser o estar, ¿Trato hecho? 🙂

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