YOUTUBERS, UNA NUEVA GENERACIÓN

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Esta semana ha habido una gran polémica con la entrevista que Elrubius ofreció en la Revista PAPEL de El Mundo al periodista Pedro Simón. En ella se destacaba como titular “Vivo a base de pedir comida por internet” y el contenido de la misma se basaba en respuestas de lo más absurdas que hacían quedar al youtuber con más seguidores de España como un joven que ha conseguido el éxito sin ninguna clase de esfuerzo y carente de todo tipo de inquietudes. Su respuesta no tardó en llegar con un nuevo vídeo en su canal en el que explicaba su versión – totalmente diferente – y aclaraba que no volvería a dar ninguna entrevista a ningún medio y que si tenía algo que decir, lo haría a través de sus redes sociales, en las que nadie podía manipular sus respuestas.

Confieso ser una gran consumidora de Youtube. Hace tiempo que no tengo televisión en mi casa y reconozco que salvo casos de programas puntuales que veo online, no la echo de menos. Me gusta la idea de conectarme a Youtube, sin sentirme atada a horarios y seleccionar el contenido que me interesa de cualquier parte del mundo, suscribirme a los canales que son más afines a mi y reírme, informarme y a veces incluso aprender. A la gente de mi generación que me rodea le suele sorprender mi interés por muchos canales que a ellos les resultan carentes de contenido de calidad, hechos por adolescentes o “niñatos” que no han hecho nada en la vida y que se han convertido en ídolos de masas, y eso asusta: es así, todavía soy joven – aunque ya peino alguna que otra cana – pero confieso que ayer hablando de este tema sentí que los cambios para algunas personas (que ni siquiera saben de lo que hablan porque no le han dado ni la oportunidad y que sólo opinan de oídas) es mejor menospreciarlos que tratar de entenderlos y eso es precisamente lo que, en mi humilde opinión, hizo el periodista Pedro Simón: Le pareció mejor opción ridiculizar a alguien a quien siguen millones de personas alrededor del mundo que aprovechar la oportunidad de entender la base de su éxito y hacérsela llegar a sus lectores de la manera más profesional posible.

Le pese a quien le pese, el mundo está cambiando. Al igual que en mi generación mis padres no comprendían que hacía tanto tiempo pegada al messenger  y me insistían noche tras noche en lo caro que era internet – ¿Qué era eso del WiFi y las tarifas planas? – ahora les toca lidiar a esta nueva era de adolescentes con padres que no logran entender el humor de Elrubius, Auronplay y otros tantos que se han convertido en personas relevantes grabándose con una webcam desde su habitación, sin necesidad de guionistas, postproducciones muy elaboradas o asesores que les digan lo que deben de ponerse o qué decir.

No deberíamos olvidar que de los niños y de la gente joven se aprenden muchas cosas, que a veces es bueno confiar en sus capacidades y que los cambios no siempre tienen que ser negativos. Si las nuevas generaciones optan por nuevas vías de comunicación, ¿Por qué no tratar de ver la parte positiva? ¿Por qué no tratar de atender a sus necesidades y adaptarnos a lo que nos puede beneficiar a todos? Existe un enorme desconocimiento sobre las nuevas profesiones y en el fondo parece que lo que dan es miedo. Como en todas las profesiones, existe gente válida y otra tanta que no lo es; quizás lo bueno sería un cambio en la educación, no solo desde casa, sino también en los colegios y formar a los futuros adultos en este campo.

Os pongo otro ejemplo para terminar con esta reflexión. Yo no soy periodista, no me he formado para ello, pero escribo y opino sobre Malasaña – o lo que no es Malasaña. Lo publico y os doy listados de cosas que me gustan, os recomiendo sitios, eventos, obras de teatro, libros y todo lo que se me ocurre y algun@s de vosotr@s optáis por ir porque os identificáis con mis gustos, mi forma de ver la vida o sencillamente porque entráis aquí por primera vez y decidís que listados de “Top ten” de lo que sea os facilitan vuestras visitas a este barrio si venís pocos días. A veces me escribís y me dais las gracias por los sitios que habéis conocido a través de mi blog, me contáis vuestras experiencias o me animáis a que conozca lugares que no he visitado. No soy una guía turística ni una publicación especializada en viajes, pero ofrezco mi visión en el mundo virtual y cada quien es libre de hacer uso de ella o no… ¿Hay algo de malo en eso? 

El mundo cambia. Fotolog o MySpace han desaparecido – ¿Quién nos lo iba a decir? – llegaron el Facebook, Twitter, Instagram y ahora vienen pisando fuerte Vine o Snapchat. Si no os suenan, no os asustéis, ni digáis de primeras que no lo utilizaréis. Yo recuerdo la reticencia que me causaba abrirme una página en Facebook o instalarme el Whatsapp y miradme (o miradnos) ahora. Existen nuevas vías de comunicación y nos pueden aportar cosas positivas. Esto es como cuando eres pequeña y dices que no quieres un plato por la pinta que tiene… “¿Cómo sabes que no te va a gustar si todavía no lo has probado?”, eso es lo que me decía mi madre, y  ya sabéis que ellas son muy sabias. Primero probad, si no os gusta, no pasa nada, pero no juzguéis antes de tiempo, ¿Me haréis ese favor?

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