SOBRE LA TRISTEZA Y LA FELICIDAD

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Adriana Alcol, Esto es Malasaña

El año pasado pasé la época más triste de mi vida, pero a pesar de ello, tengo recuerdos especialmente bonitos de esos meses. Yo creo que la tristeza nos ayuda mucho a aprender cosas de nosotros mismos y en mi caso puedo decir que cambié muchos aspectos que no me gustaban de mí. No me marqué unas metas ni me compré una libreta bonita donde escribir propósitos, simplemente llegaron de manera natural, sin darme cuenta, pero sí con muchos esfuerzos, eso no lo voy a negar.

De las temporadas tristes se pueden sacar muchas cosas positivas y la principal es que suelen convertirte en una persona más valiente si pones algo de tu parte. Mi consejo para estas temporadas es que aprendas a escuchar a tu cuerpo y que respetes siempre las épocas “de luto”; no te obligues a ser feliz ni a ser fuerte, no es malo refugiarse de vez en cuando en uno mismo y aprender a conocerse; es más, creo que es totalmente necesario y si aprendes que el dolor es parte de la vida, ya habrás ganado una batalla.

Y así, poco a poco, llegan las temporadas de felicidad – ojo, que jamás son absolutas por mucho que las redes sociales se empeñen en que así sean – y si no aprendes a convivir con la tristeza y la felicidad a un mismo tiempo, mal llevas la vida. Para mí lo que hoy en día considero felicidad nada tiene que ver con lo que significaba cuando todavía no peinaba canas, posiblemente porque he aprendido que no se puede ser 100% feliz ni basar tu felicidad en los demás. Con el paso de los años he aprendido que la felicidad se basa en uno mismo, que nadie puede estar bien si tú no pones empeño en ello y que por mucho que te rodees de personas que quieran sacarte una sonrisa a cada instante, lo primero que debes hacer es quererte a tí mismo… ¡y cuánto nos cuesta a veces!

Pero quererse a uno mismo no es mirarse al espejo y decirse constantemente lo que uno vale, a mí eso me parece una mamarrachada; quererse a uno mismo es conocerse y sobre todo, llegar a la cama por la noche con la sensación de tranquilidad al pensar que todo lo que has hecho a lo largo de ese día te hace sentirte bien. Habrá días que no hagas nada especial, otros que hayas disfrutado cometiendo una locura, otros en los que te dejarás llevar sin pensar demasiado, otros en los que te habrás enfadado, sufrido un desencuentro e incluso otros que pasarán sin pena ni gloria (y de estos habrá muchos, aprende a asumirlo), pero para mí, lo más importante es acostarte con la sensación de reconocerte en los actos que llevas a cabo a lo largo del día – y si no es así, cámbialo aunque a veces te cueste – y jamás, nunca jamás, irte a dormir enfadado, esa es quizás la peor sensación que te puedes llevar a la cama; yo mentiría si os digo que a veces no me pasa, que todos somos humanos, incluso quienes viven a base de compartir mensajes positivos en Twitter e Instagram – pero en la medida de lo posible trata de que esto no te pase, y una batalla ganada más que tendrás a tus espaldas.

Y si queréis vivir momentos de felicidad en la vida, os recomiendo que dejéis a un lado el qué dirán, frases del tipo “que nunca tengan nada que decir de ti” ni similares, muy propias de nuestras abuelas (o por lo menos de la mía) porque creo que estar pensando constantemente en lo que puedan decir de ti – bueno o malo – te impide en muchas ocasiones vivir la vida como quieres. Yo he tenido momentos de “tierra trágame”, otros en los que me he lanzado a decir cosas que posiblemente no debería, otros en los que he metido la pata hasta el fondo y más allá y otros en los que quizás he actuado de maneras que no son propias de mí, pero ¿sabéis qué os digo? Que (casi) todos ellos me han proporcionado anécdotas que a la larga incluso han resultado divertidas o que me han definido un poco más cómo soy o como quiero ser. Cometer locuras o dejarse llevar a veces es necesario y muy sano, sin que ello signifique que pretendas ser el centro de atención, pero de verdad, dejar de hacer cosas por el miedo al que dirán es una de las situaciones más tristes que te puedan pasar. Vive como quieras, sin hacer daño a nadie y trata de encontrar a lo largo de tu vida los mayores momentos de felicidad, esa es la clave.

Ser feliz es lo mejor que te puede pasar y últimamente yo lo relaciono mucho con la tranquilidad, pero la felicidad para cada uno significa algo diferente. No tengas miedo de decir que eres feliz, no es malo y por lo tanto no debes sentir pudor, sin que ello signifique que  tengas que mostrárselo al mundo en fotos, estados o actualizaciones. Posiblemente cuando seas realmente feliz, te olvides de sacar el móvil y subirlo en una red social, porque estarás ocupado viviendo. Ese es quizás uno de los mayores secretos de la felicidad: compartirla con quien realmente te importa.

Y tú, ¿Cómo te sientes?

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