Malasaña, hablemos bien de ti

Desde hace un tiempo siento que Malasaña es como esa celebridad que ha pasado de moda. Cuando llegué a Madrid, la prensa, los blogs y otros tantos medios, le dedicaban reportajes para hablar de la originalidad de sus negocios, del estilo de vida de sus vecinos, de la creatividad que en él se respiraba y vivir aquí era el sueño de muchas personas que llegaban a la capital a comenzar una nueva vida. Pero con el tiempo, comenzaron a surgir las primeras críticas: lo visto de manera positiva como moderno y actual pasó a ser hipster y más tarde dio paso a la gentrificación, la turistificación, a los precios más que abusivos de los alquileres y a que la moda vintage y la decoración con palés dejase de hacer tanta gracia. Un día leí que Malasaña podría morir de su propio éxito y me temo que si no hacemos nada por cambiarlo, podría pasarle en un corto espacio de tiempo.

Cuando me preguntan qué pienso sobre este tema, siempre digo que creo que los cambios son inevitables, que al igual que las personas cambiamos, también lo hacen los barrios y que posiblemente si le preguntas a alguien que vivió aquí en la década de los ´70 o incluso antes, te dirán que los ´80 trajeron muchas cosas negativas – aunque en la actualidad todos hayamos idealizado esa década queriendo en muchas ocasiones teletransportarnos a los años dorados de la movida madrileña. Yo soy de las que creo que muchos de los negocios que han surgido han traído cosas muy positivas al barrio, que no hay que culparles porque se vean menos ferreterías, zapaterías o tiendas de alimentación pequeñas, que ya bastante tienen con poder sacar adelante sus negocios en los que han depositado toda su ilusión; me alegra ver que consiguen salir adelante mes a mes, porque es una tarea dura y complicada en la que cada día ponen todo su esfuerzo y dedicación. No caigamos en creer que son ellos quienes han expulsado de aquí a los comercios de toda la vida porque no es verdad; lamentablemente, no veo jamás colas enormes en los ultramarinos y sí en Carrefour Express. Tengamos todos un poco de autocrítica.

Durante estos años yo he cambiado, mis gustos también lo han hecho y mis prioridades no os quiero ni contar. Malasaña ya no me sorprende tanto como al principio, tal vez se nos haya agotado la pasión, pero entre nosotros existe un amor y una confianza que pocos lugares me han dado en mi vida y por eso hoy quiero contaros las partes positivas que le sigo viendo a este barrio que tantas cosas me ha dado en los más de ocho años que llevo viviendo en él. Ojalá mejore esos puntos débiles que están haciendo que Malasaña pierda fuerza porque sería una pena dejar que se convierta en un lugar en el que los únicos visitantes sean los turistas. Los barrios los hacen los vecinos, y sin ellos pierden toda su magia, no nos olvidemos de esto.

¿Pero sabéis por qué sigo teniendo esperanzas? Porque me gusta bajar a la calle y saludar a la señora que vende la lotería, preguntarle a mi vecina qué tal va de la pierna, que el señor que me arregla las averías de casa salga del bar y me pregunte si todavía no me he ido de vacaciones, que me olvide la cartera y que pueda dejar a deber en el ultramarinos de debajo de mi casa, que me siente en mi bar preferido a leer un rato los domingos y que antes de decir lo que quiero, ya me lo hayan servido, que me escriban de la tienda en la que me compro la ropa habitualmente y me digan que les ha llegado una falda que me va a encantar o pararme a charlar un rato con el dueño de ese perro que tan bien se lleva con el mío. También me gusta levantarme entre semana y salir temprano a pasear por calles desiertas, es un privilegio que tenemos solo los que vivimos aquí, un barrio tan acostumbrado a llenarse de vida y de gente que espera colas para sentarse en una terraza de la plaza. Me gusta ese Malasaña que es pueblo, que lucha por no convertirse en ciudad, cada día con más fuerza, en el que tus vecinos tienen nombre y en el que sigues encontrando lugares que te hacen sentirte como en casa.

Malasaña me ha visto vivir muchas cosas: me vio llegar con mucha ilusión, me vio reír, llorar, irme durante unos meses a otro barrio porque no soportaba la tristeza de los malos recuerdos; llegué a maldecir sus calles, a gritar en mi cabeza que quién me mandaría a mí haberme ido de Coruña, pero consiguió que volviese, siendo otra, sumando experiencias a mi vida que posiblemente preferiría no haber vivido, pero que me hicieron más fuerte. Malasaña ya forma parte de mí, estamos unidos para siempre y aunque sé que nuestra relación no será eterna – eso cada vez lo tengo más claro porque se está agotando la arena de nuestro reloj – me ha ayudado mucho a crecer, a confiar en mí misma, a descubrir que la vida puede ser de otra manera y eso, queridos amigos, es de las cosas más bonitas que un lugar te puede ofrecer.

Quiero que una vez se agote nuestra relación, sigamos siendo de esos amores que recuerdas con cariño. Quiero volver cuando ya peine canas e incluso camine con bastón y poder sonreír recordando todo lo que me dio, diciendo “¿Ves ese rincón? Pues ahí estaba mi cafetería preferida, donde pasé tantas mañanas de domingo leyendo libros y charlando y un poco más adelante, allí donde ves ese cartel, estaba mi tienda preferida, ¿qué habrá sido de su dueña?”.

Quiero, sobre todo, que la gente que llegue de nuevas pueda sentir lo mismo que yo la primera vez que pisé la plaza de San Ildefonso, que logren sentirse una parte importante del barrio, que vivan con ilusión cada día de la semana y que vivir aquí no se convierta en un artículo de lujo, que para eso ya están otras zonas.

Te quiero Malasaña, no lo olvides jamás, y sigue luchando por que no instalen en tus calles cajeros automáticos o franquicias que cobren el café a precio de langosta. Yo confío en tu fuerza.

Malasaña a través de las décadas: así opinan los vecinos del barrio

Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol
Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol

Si vives en Malasaña, seguro que en más de una ocasión has escuchado frases del tipo “El barrio ya no es lo que era”, “Malasaña en los ´80 sí que era auténtico”, “En los ´90 daba miedo pasear por las calles de Malasaña de madrugada”, “Ahora Malasaña se ha llenado de modernos”… ¿Os resultan familiares, verdad?

Hoy he decidido hacer este post en el que varios vecinos del barrio de toda la vida dan su opinión personal acerca de cómo ha cambiado Malasaña a través de las últimas décadas y comprobaremos que no es lo mismo vivir aquí que venir de visita a disfrutar del ocio o de los planes nocturnos.

***************************************************

Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol
Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol

Ana Álvarez (38 años) y su familia han vivido en Malasaña desde siempre. Recuerda la década de los ´70 como un barrio amable en el que los niños podían salir a la calle a jugar y los vecinos se conocían como si se tratase de un “pequeño pueblo” dentro de una gran ciudad. Con la llegada de los ´80 nos cuenta la aparición de la droga en el barrio – en su portal era habitual encontrarse papel de plata y jeringuillas – y su madre volvió a ir a buscarla a la salida del colegio porque “la inseguridad en el barrio era una realidad”.

“Supongo que la gente de otros barrios que iba al Penta o a la Plaza Dos de Mayo les parecería genial, pero para las personas obreras que vivíamos aquí la verdad es que el barrio perdió su encanto (…) A veces veo reportajes en la televisión que no cuentan toda la verdad; fuera de esos bares había yonkis atracando con jeringuillas y navajas. A mí me atracaron dos veces y todavía era una niña”.

Ana Álvarez

Malasaña. Fotografía: "Cuando Sonríes"
Malasaña. Fotografía: “Cuando Sonríes”

Mar nació en 1988. Su madre y su abuelo vivieron toda su vida en la zona de Malasaña y aunque ella no conserva muchos recuerdos de los 80, es consciente de que los niños en esa década jugaban en los parques demasiado cerca de las jeringuillas, aunque según opina, se trató de que las plazas por aquel entonces fuesen lugares seguros para los más pequeños. El ambiente del barrio, más el diurno que el nocturno, es lo que más destacan ella y su familia y como contrapunto, reconocen que lo peor fue esa generación perdida que se vio tristemente afectada por el mundo de la droga.

Aún así, conserva recuerdos bonitos de entonces, como estar en El Boñar con su abuelo “El Cañita”, casi siempre en la barra, y la mítica apuesta del bar de que pagaban un viaje a las Islas Canarias a quien fuese capaz de terminar el cocido.

“El cambio de década ya te digo que por mi edad no lo noté especialmente, mentiría si dijese lo contrario, pero sí considero que fue algo paulatino, que los ´90 – por lo menos los primero años – eran una continuación sin apenas diferencia”

Mar

Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol
Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol

Ana nos cuenta que a finales de los ´90 fue cuando llegaron los nuevos aires al barrio: la droga comenzó a desaparecer y fue sustituida por el botellón – lo que afectó a los vecinos por el ruido y la suciedad – pero confiesa que el ambiente era muchísimo mejor, “estudiantes jóvenes con ganas de pasarlo bien pero sin hacer daño a nadie y además comenzaron a aparecer comercios y negocios bonitos en la zona de la Calle Espíritu Santo, lo que hizo que vivir en Malasaña resultase mucho más seguro y tranquilo”.

Un tweetero que vivió durante 30 años en el barrio opina que en realidad no hay época buena o mala, sino épocas distintas “Malasaña en los ´80 era divertida pero peligrosa, igual que Chueca” y confiesa que se escapaba a escondidas por la noche cuando todavía era un crío y que se llevó algún que otro susto. A finales de los 80 y principios de los ´90, su época universitaria, fue cuando más lo disfrutó y recuerda los ambientes más “Mod”: el Siroco – donde eran míticas las sesiones de Soul y Northern Soul y los sonidos más Mod de los sábados noche, a donde se acercaba a pinchar el mismísimo Juan de Pablos – el Shout o el Soul Club, que se encontraba en la Plaza de San Ildefonso y en su opinión era el mejor. No olvida tampoco el clásico Penta y la Vía Láctea, donde se encontraba con frecuencia a Kike Turmix o los hermanos Pardo, de Sex Museum. Encontrarse a mods y garajeros era habitual en las noches malasañeras.

“Con la llegada de los ´90 comenzó la etapa de los cafés, como el Ruiz, el Isadora o el Café del Foro, en la Calle San Andrés, donde había actuaciones de todo tipo”.

Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol
Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol

Les pregunté también acerca de la llegada del 2000, qué opinaban acerca de eso que dice la gente de que Malasaña ha perdido su esencia… 

“En absoluto: empezó la esencia de lo que hoy es Malasaña. Comenzaron a salir por aquí grupos de estudiantes y universitarios jóvenes, se empezó a cuidar más la estética de los locales y tiendas; surgieron los bares de tés, bollitos y magdalenas y creo que quien diga que Malasaña perdió su esencia es que nunca vivió en el barrio, que sólo estaba por aquí de visita para disfrutar de él unas cuantas horas del fin de semana. Mis padres, mis tíos, mis abuelos y vecinos del barrio de toda la vida, lo ven de la misma manera que yo”. 

Ana Álvarez

“Sí pienso que las cosas cambiaron, pero todo cambia, es pura evolución.. Lo importante es no perder la esencia y lo mejor de Malasaña es que es un pueblo en el centro de Madrid y nunca dejará de serlo mientras visitantes y vecinos tratemos de mantenerlo de esa manera. Sí reconozco que hay cosas del Malasaña de hoy en día que no me gustan, como el tema de aparcar o ese postureo que rodea al barrio y que nada tiene que ver con él. Parece que está de moda ser de Malasaña o vivir en Malasaña porque es muy cool, pero me gustaría que la gente que tanto admira este barrio supiese al menos la historia de Manuela Malasaña”

Mar

“Con la llegada de los 2000 ha mejorado la seguridad, las casas se han rehabilitado y en general es un barrio más bonito. Lo malo, es que ha venido gente con un alto poder adquisitivo a vivir aquí como si se tratase del Barrio Salamanca y quieras o no, eso lo condiciona todo, pero aún así sigue siendo una gozada dar un paseo por Malasaña o salir de noche… ¡A ver quién se atrevía a pasear solo por Espíritu Santo en los 80 y principios de los 90! La esencia de este barrio es que, aunque ya no vivo aquí, siempre que vengo me sigo sintiendo como en casa”

Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol
Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol

Definitivamente, cada década ha tenido su encanto; Ana se queda con el Malasaña de principios de los 2000, “cuando empezaban los sitios cucos y la gente que venía era muy sanota. Al de hoy en día le encuentro la pega de que parece más un negocio, que hay demasiado postureo y que a veces se ven locales que triunfan por tener un dueño determinado más que por el servicio que ofrecen y eso en parte se debe a esa tendencia de venir sólo al barrio para poder subir fotos a las redes sociales y decir que has estado en el sitio de moda”.

Mar opina que “todas la décadas han tenido cosas muy buenas en el barrio, aunque si tuviese que elegir seguramente me quedaría con la década de los ´90, por coincidir con mi infancia, con los años que pasábamos el mismo tiempo en casa que en la calle, que hacíamos con nuestros padres la ruta del aperitivo y jugábamos en los columpios de Comendadoras, o cuando acompañabas a tu abuela a por el pan y tardabas hora y media por la cantidad de vecinos que te paraban por el camino (…) Tuve la oportunidad de vivir en primera persona lo bueno de este barrio cuando en el año 2011 estuve muy enferma y no había día que mínimo 10 vecinos no preguntasen por mí a mi madre. Cuando me recuperé me sentí la persona más querida del mundo y pude apreciar que los vecinos tienen tiempo para todo, para cotillear y para tenerte cariño porque te han visto crecer al fin y al cabo”.

¿Cuál es vuestra opinión? ¿Cuál es la década con la que os quedaríais? Desde “Esto es Malasaña” quiero agradecer la participación de Ana, Mar y el “tweetero anónimo” por sus opiniones que seguro que nos hacen descubrir anécdotas de este barrio que muchos desconocíamos… ¡Muchísimas gracias por ayudarme a seguir llenando de contenido interesante este blog! ¡Sois maravillosos!

No tengas miedo a la soledad

Una de las peores sensaciones a la que te puedes enfrentar en la vida es a la soledad no deseada. Da igual que todo el mundo haya pasado por ello en algún momento, que te digan que pronto estarás mejor o que nadie se muere por una situación así, pero cuando tú lo vives, cuando te sientes caer en un pozo sin fondo las veinticuatro horas del día, no hay nada que te haga pensar que llegará un día en el que esa sensación irá desapareciendo, dando lugar a otras, que posiblemente no sea la felicidad repentina, pero que al menos darán tregua a esa tristeza que creías que nunca desaparecería y sin apenas darte cuenta, un día esbozarás una pequeña sonrisa.

La soledad no deseada se puede vivir de muchas maneras: hay quien elige ahogarla en noches interminables, de cama en cama y rodeándose de personas que preguntan “¿una caña más?” en lugar de un “¿qué tal estás?” y las hay que se encierran en sí mismas, que lloran y se fustigan recordando aquello que fue y ya no es. Lo cierto es que no sabría decir qué caso es peor que el otro – yo soy más del segundo combinado con alguna noche del primero – pero lo que sí que tengo claro es que en ambas situaciones, además de sentirte totalmente vacía, tiendes a pensar que la otra parte está viviendo una vida de ensueño en la que la tristeza y el echarte de menos no tienen cabida. La soledad no deseada es muy mala compañera, esa es la única verdad, porque te hace débil y vulnerable, así que para luchar contra ella tienes que intentar agarrarte a la primera piedra que veas en ese pozo sin fondo en el que te estás dejando caer  y empezar a escalar sin mirar abajo.

Debes saber que es imposible convertir de un día para otro esa soledad no deseada en una que te resulte agradable e incluso en ocasiones la mejor elección de tu vida; sé que habrá personas que te habrán dicho que puede ser así, porque a toro pasado a todo el mundo le gusta dar lecciones, pero lamento decirte que no es verdad y para llegar a una situación de paz contigo misma, deberás esquivar muchos obstáculos y eso conlleva paciencia y mucho tiempo, pero es importante que sepas que si no tiras la toalla, lo puedes conseguir. Puede que este consejo te suene a libro de autoayuda, incluso a mí cuando lo releo me lo parece y me da un cierto repelús, pero te lo digo como alguien que lo ha vivido en primera persona, que me convertí en un ente que parecía hacer todo de manera mecánica, carente de cualquier sentimiento que no fuese la tristeza y que gracias a todo lo vivido, aprendí una de las mejores lecciones que me ha dado la vida: jamás de los jamases, por muy bien que estés con alguien, permitas que tu felicidad y tu día a día dependan de esa persona, porque lo bonito no es depender sino que cuando estés con alguien, seas capaz de compartir y aunar la felicidad de ambos. Sí, además de a libro de autoayuda suena tela de cursi, pero es una verdad como un templo.

Si has llegado a este texto de manera casual, no sé si te habrás sentido identificada, pero te recomiendo que no compares tu situación con la de nadie, que te tomes tu tiempo para estar sola – a mí me ayudó mucho reorganizar mis cosas, recolocarlas y deshacerme de todo lo que no me aportaba buenas sensaciones – que aprendas a conocerte como un ser único que no siempre dependa de un “nosotros”, que hagas esos planes que siempre has querido hacer y que no has hecho, que te cocines esos platos que tanto te gustan, que te mimes, dedicándote tiempo a ti misma y por qué no, que te emborraches un día si te apetece y bailes y cantes a grito pelado hasta que salga el sol acompañada de buenos amigos, que aprendas a disfrutar de la compañía y no a necesitarla y un día, sin darte cuenta, te tumbarás en la cama y pensarás “oye, pues hoy no estoy tan mal”.

Convertir la soledad no deseada en un camino más llano, tranquilo y feliz requiere mucho esfuerzo y tesón, pero en el momento que aprendas a convivir contigo misma sin sentir que es una situación obligada, es cuando empezarás a tomar decisiones conscientes y entonces estarás preparada para elegir otros caminos y apostar por compartirlo con otra persona, con varias o con ninguna. A partir de este punto, la vida te irá diciendo si tus decisiones son buenas o malas, pero estoy segura de que cuando mires hacia atrás y veas todos los baches que has superado desde el momento en el que decidiste agarrarte a esa piedra para no seguir cayendo en ese pozo sin fondo, te darás cuenta que la soledad a veces es el mejor camino para conocerte a ti misma y que te ayudará en momentos futuros a decidir de una manera más sensata y racional. Piensa un poco más en ti sin sentirte egoísta, hazme ese favor.

Coruña, te echo de menos

Fotografía: www.lawebdelacultura.com

Casi toda mi familia materna vive en Madrid, por eso durante mi infancia y hasta que comencé a trabajar, reservábamos unos días para juntarnos y disfrutar de todo lo que ofrece la capital. Lo pasábamos de maravilla, pero siempre volvía a Coruña diciendo “jamás viviría en una ciudad tan grande como Madrid”. Pero las circunstancias cambiaron y en el año 2012 me vi mudándome con cuatro bártulos en una furgoneta a un pequeño piso del barrio de Malasaña del que no me he movido hasta el momento (salvo durante un año, en el que estuve viviendo en otro barrio de la zona norte, pero esta ya es otra historia).

El caso es que me enamoré de Madrid, un flechazo en toda regla: me encantaba el barrio en el que me había instalado, el entorno, los paseos en los que descubría rincones nuevos cada día, soñar con todas las posibilidades que me iba a ofrecer la ciudad, el buen clima, la gente, etcétera. Nunca dejó de gustarme volver a pasar unos días en A Coruña, pero lo tenía claro: “jamás volvería a vivir en una ciudad tan pequeña como A Coruña”.

Madrid me ha ofrecido muchas cosas positivas y no puedo negar que mi vida aquí es bonita: tengo un trabajo que me gusta, me rodeo de personas a las que quiero, el tiempo de ocio puedo dedicarlo a actividades muy diferentes y divertidas, me permite viajar con más frecuencia con opciones más baratas, me ha abierto mucho la mente y además me ha convertido en una persona más valiente y echada para adelante. Pero Madrid agota, algo que ya me habían advertido muchas personas que pasaron unos cuantos años aquí y que luego volvieron a vivir en una ciudad pequeña. Creía que esto jamás me pasaría a mí, os lo prometo, pero al final irremediablemente me ha sucedido y ahora, cada vez que vuelvo a A Coruña a pasar unos días, pienso “Ojalá volver a vivir aquí”.

Fotografía: A opinión de A Coruña

Me fui de A Coruña un tanto decepcionada con la ciudad y las oportunidades que ofrecía y me vine a Madrid con un cierto rencor hacia ella. Lo mantuve durante mucho tiempo, pero poco a poco y con el paso de los años, empezó a desaparecer. No sé si es la edad, pero sueño con una vida que no era la que quería en 2012; extraño toda esa cotidianidad que aporta una ciudad pequeña: poder visitar a mi familia todas las semanas, tomar un vino con mis amigos y poder regresar a casa caminando, planear una escapada a la playa  o, mejor aún, que pueda surgir de manera espontánea, ver que el dinero no se evapora en tus manos, poder vivir en una casa que no se lleve gran parte de tu sueldo en un alquiler, no rodearme constantemente de bullicio y que las horas no se te vayan en trayectos interminables. Quiero que el tiempo, mi tiempo, pase lento, o al menos tener la sensación de que las horas tienen efectivamente sesenta minutos.

A cualquier persona que viva en una ciudad pequeña y  esté pensando en mudarse a una más grande, sin duda, le animo a que lo haga porque es una experiencia maravillosa de la que no se va a arrepentir jamás y puede que se adapte de tal manera que finalmente se convierta en su vida ideal, pero que no se frustre si no es así y sueña con regresar a una vida más tranquila, en un pueblo o en una ciudad más pequeña. No será el primero ni tampoco el último. Regresar a veces no resulta tan sencillo como puede parecer, principalmente por el trabajo, así que si estás en el mismo punto que yo, plantéatelo como algo a largo plazo, que puede que llegue en algún momento y mientras tanto, continúa recordando qué es lo que te enamoró de la ciudad en la que estás ahora y trata de vivirlo con todas las ganas y la felicidad posible, porque cuando camines con bastón y peines canas, seguramente recuerdes esta época como una de las mejores de tu vida.

Y tú, ¿sientes morriña de tu ciudad? 

Malasaña, una opinión (posiblemente) impopular

He dudado mucho sobre si escribir este artículo o no porque posiblemente vaya a ser el más impopular que vaya a haber en mi blog hasta el momento, pero a pesar de ser una opinión personal, está basada en la ley y creo que merece la pena abrir este debate en el que espero que todos podamos ser respetuosos en los comentarios, estemos de acuerdo o no con las opiniones que surjan.

El caso es que desde hace un tiempo han surgido cuentas (principalmente en Instagram) que aunque nacieron de una denuncia social en la que sus creadores pretendían dar a conocer las malas condiciones a las que nos tenemos que enfrentar día a día los vecinos de la zona centro de Madrid, creo que han sobrepasado los límites: la suciedad, el ocio nocturno, los conflictos callejeros o algunas actividades ilegales se han convertido en las protagonistas de sus publicaciones y hasta aquí todo bien; el problema es cuando en la imagen aparecen los rostros de personas que no saben que están siendo grabadas ni fotografiadas. Os pondré algunos ejemplos:

Como vecina me molesta mucho el ocio nocturno (porque además mi dormitorio da a una de las calles más transitadas de Malasaña, es decir, el problema me afecta directamente) pero publicar la imagen de una persona que no se encuentra en plena posesión de sus facultades, bien porque ha consumido una gran cantidad de alcohol u otras sustancias mientras se le graba diciéndole que no se orina en la vía pública, me parece que sobrepasa los límites de la legalidad. Lo mismo sucede con todas esas imágenes que hemos podido ver de peleas, situaciones incómodas e incluso tráfico o consumo de drogas en las calles donde por desgracia hay (o había) narcopisos; respaldarse en el derecho a la información cuando se podría decir que se cruza la línea del derecho a la intimidad, me parece un tema muy delicado. He visto artículos en periódicos o reportajes en la televisión que o no muestran el rostro de la persona o se lo pixelan; si tiene que ser así en los medios de comunicación, ¿por qué se permite en este tipo de cuentas subir instantáneas para que la gente deje su comentario de odio y, en ocasiones, incluso diga quién es esa persona y dé más datos sobre ella?

Pero si lo descrito anteriormente me parece algo poco ético, todavía me parece más dañino cuando se hace con personas que viven en la calle. A ti te puede parecer espantoso o una falta de civismo que alguien orine en la plaza de tu barrio (a mí tampoco me encanta),  pero más horrible es que esa persona tenga que dormir a la intemperie y orinar entre los árboles porque no dispone de un baño público cercano. No sé si alguna de las personas que me está leyendo habrá acudido en alguna ocasión a la entrega de alimentos en la zona centro de Madrid para la gente sin hogar, pero os aseguro que es algo que te hace recapacitar y con solo ir un día, te pensarías dos veces si subir la imagen (repito, sin su consentimiento) de una persona de la que desconoces absolutamente todo, incluso qué es lo que le ha llevado a la situación de no tener un hogar y verse obligado a dormir entre cartones en el banco de un parque o debajo de un puente y hacer sus necesidades entre los matorrales. Estoy (casi) al 100% segura de que estaría encantada de contar con un baño con todas las comodidades, posiblemente como el que tienes tú.

¿Y sacar a los artistas callejeros poniendo en duda que cumplan con la normativa de la Comunidad de Madrid? ¿Es tan difícil de entender que posiblemente la mayoría de ellos preferirían estar tocando en un local o actuando en algún teatro? Ya bastante complicado tienen el hecho de poder conseguir las autorizaciones pertinentes (que no se le dan a todo el mundo que las solicita) como para que unos cuantos vayan señalando con el dedo acusador porque les molesta el ruido de un pequeño amplificador mientras se toman su cañita en una terraza.

Sinceramente, este movimiento de “apatrulladores de la ciudad” que utilizan como arma la cámara de sus móviles y multitud de hashtags para conseguir el mayor número de seguidores posibles, añadiendo textos de maestros del civismo cuando utilizan la imagen de personas sin su permiso, me parece cuanto menos cuestionable. Hay algo que se llama el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, y difundir un vídeo o una fotografía de alguien en condiciones que pueden afectar de una manera muy negativa a sus vidas, es muy inmoral, por muy buena intención (permitidme que lo dude) que tenga quien las realice.

Se puede crear una cuenta de denuncia social que cumpla con sus objetivos sin necesidad de cometer una ilegalidad, pero claro, tal vez la ética y la moral están un poco demodé en las redes sociales y cual publicación patrocinada por Mediaset, el morbo y los límites de lo legal venden mucho más. Si es así, enhorabuena, espero que os convirtáis en  los adalides de la justicia en vuestro barrio.

* Os dejo aquí un vídeo muy interesante que trata sobre el uso que hacemos de las redes sociales y de internet en general explicado de una manera muy sencilla. A mí me hizo pensar y estaría bien que todos hagamos exámenes de conciencia y veamos qué errores estamos cometiendo respecto.

Fotografía: www.blog.poprevolver.com

 

Sobre el amor y las segundas oportunidades

No sé cuántos de vosotros habréis pasado por una ruptura sentimental, posiblemente muchos de los que ahora estáis leyendo este artículo. Ahora pensad, ¿recordáis la primera vez que  sentisteis que el corazón se os rompía en mil pedazos? Yo recuerdo esa sensación como un dolor en el pecho inexplicable y una angustia tan grande que cada vez que cerraba los ojos era como caer en un pozo oscuro sin fondo. Si lo pienso con perspectiva, debo decir que hasta me da una mezcla entre risa y ternura, porque yo era una adolescente y en aquel momento creía que jamás podría volver a querer a alguien y que mi vida ya no tendría ningún sentido. Pero todo pasó, y aunque llené diarios con su nombre, luego llegaron otros amores que también marcaron mi vida, aunque no de la misma manera. Y es que al amor adolescente yo le guardo el mayor de los respetos, porque pocas relaciones a lo largo de los años vuelven a resultar tan puras y tan transparentes y precisamente por eso, duelen tanto cuando terminan.

El tiempo, la edad y posiblemente las experiencias que he vivido, me han hecho variar mucho el concepto del amor y aunque soy de las que sigue creyendo en el “amor romántico” (por muy poco feminista que pueda sonar), también creo que eso es solo una fase en una relación y que a la larga hay cosas que resultan mucho más importantes. Coincidir con la persona adecuada, es tremendamente complicado, pero si a eso le añades coincidir en el momento adecuado, os lo aseguro, es el premio gordo de la lotería.

Durante mucho tiempo, basándome en la relaciones a las que mi entorno me tenía acostumbrada, creí que en el amor, una vez te comprometías, era para siempre y que si una relación no superaba los baches u obstáculos que le ponía la vida y decidía poner punto y final a su historia, ya no había marcha atrás. Es curioso, porque mi cabeza llegó a pensar que el amor era el único aspecto de la vida en el que jamás debían existir las segundas  oportunidades: puedes perdonar a un amigo si te falla y que todo vuelva a ser como siempre, puedes reincorporarte a un trabajo por segunda vez si te ofrecen un nuevo contrato, puedes intentar volver a montar en bicicleta aunque la primera vez te hayas caído, pero en el amor, si algo falla, borrón y cuenta nueva, porque segundas partes nunca fueron buenas.

No seré yo quien diga que dar segundas oportunidades en el amor es tarea sencilla, pero sí que creo en ellas e incluso podría deciros que darse un tiempo, en ocasiones, es sano e incluso la mejor opción. Lo que debes tener en cuenta cuando retomas una relación es que posiblemente tu concepto sobre el amor ya no sea el mismo que la primera vez. Cuando rompes con alguien, tienes mucho tiempo para reflexionar, para recapacitar sobre los fallos – porque una ruptura siempre es cosa de dos, aunque a veces resulte más sencillo culpar solo a la otra parte – e incluso si seguís manteniendo una relación civilizada, sirve para mantener conversaciones en las que la sinceridad es el ingrediente principal (y aunque a veces duelan, suelen ser muy sanadoras).

Retomar una relación es complicado y requiere mucho trabajo, posiblemente más que la primera vez, y no, no es como partir de cero, no es una hoja en blanco ni un “lo olvidamos todo”. Una segunda oportunidad, aunque la cojas con todas las ganas del mundo, conlleva un peso a tus espaldas, unas experiencias vividas que no puedes eliminar de tu mente por arte de birlibirloque. Si quieres que funcione, tendrás que aprender la dura tarea de pasar página sabiendo todo lo que sabes y teniendo en cuenta que esa sensación de mariposas en el estómago posiblemente no vuelva a aparecer (lamento deciros que eso solo sucede en las primeras veces). Las segundas oportunidades, en mi opinión, suelen ser mucho más realistas, más honestas y más racionales y eso, aunque para algunos pueda resultar menos romántico, a mí me parece muy bonito.

Con la edad he aprendido algunas cosas: me sigo emocionando cuando voy por la calle y veo a un matrimonio mayor que pasea de la mano tras más de cincuenta años casados, o cuando veo instantes románticos entre una pareja que lleva mucho tiempo juntos, pero igual de emocionante me resulta  asumir que el amor tiene sus fases y que a veces, es mejor darse un tiempo, no hacerse daño y volver a encontrarse en el camino, si esa es una decisión meditada por ambas partes.

Creo que lo más importante en estos casos es no obligarte a nada, ni sentirte culpable si las cosas no salen como tú esperabas. A veces, las segundas oportunidades tienen un “final feliz” en el que ese momento de separación se convierte en un instante pequeño dentro de una vida entera, y otras veces no funcionan y sirven para darse cuenta sin arrepentirse de no haberlo intentado. Pero no te dejes llevar por opiniones ajenas, por el qué dirán  o forzarte a sentirte bien con alguien si no es así para evitar pasar de nuevo por el momento de la ruptura. Separarse de alguien es doloroso, un peaje que hay que pasar cuando algo se termina, pero nadie se muere de (des)amor, eso es lo único que tengo claro.

El amor tiene muchas formas y muchas maneras de vivirlo. Nadie puede decidir la manera en la que tú lo debes vivir, pero eso sí, el amor más importante y en el que nunca debes de fallar es en el de querete a ti mismo, porque sin él, es tela de difícil ser feliz. Lo demás, ya lo irá diciendo la vida.

Y tú, ¿eres de los que opina que segundas partes nunca fueron buenas o crees que pueden superar incluso a la primera parte?

Malasaña, mi visión más honesta

Llegué a Malasaña en el año 2012, un momento en el que ya lo más nostálgicos de décadas pasadas decían que la esencia de este barrio se había perdido por completo, pero si os digo la verdad, me parece que por aquel entonces todavía existía un equilibrio entre lo tradicional y lo actual que hacían de este un lugar perfecto para vivir, disfrutar de tu tiempo de ocio o pasear tranquilamente un día entre semana por la mañana.

Por aquel entonces, yo era una recién llegada al barrio y aunque reconozco que estaba embelesada por tanta novedad, viéndolo con perspectiva, lo entiendo perfectamente: El Malasaña de entonces era un barrio que enamoraba a los visitantes y que a los vecinos – aunque de vez en cuando nos riésemos de los barbudos que paseaban con pajaritas comiéndose magdalenas de 3,50 € – nos resultaba un placer vivir en una zona muy cercana a Gran Vía pero que para nosotros era un pequeño pueblo en el que nos dábamos los buenos días con el frutero o la vecina del rellano. Sin duda, me enamoré de Malasaña con razón.

Con el tiempo, términos como hipster, muffin, cupcakes o gentrificación, entre otros que sonaban un tanto despectivos, comenzaron a vincularse con Malasaña y en lugar de identificar este barrio con la música, el arte, la cultura o La Movida, tal y como se había hecho décadas atrás, empezó a asociarse con conceptos mucho más frívolos.

plaza-san-ildefonso
Barrio de Malasaña, Madrid.

Durante mucho tiempo defendí que cada década en este barrio ha supuesto una manera diferente de verlo y aunque a muchos nos hubiese encantado vivir aquí la década de los ochenta, seguramente por aquel entonces también había vecinos desesperados gritando por la ventana que las siete de la mañana ya no son horas para andar de fiesta o que qué espanto pasear un sábado por la mañana entre latas de cerveza y algún que otro borracho que se había quedado dormido en tu portal. También sé que los noventa no fueron buenos tiempos para Malasaña, que más de uno pagó los excesos de la década pasada y que eran muchas personas las que no se atrevían a volver a casa solas tras una noche de bares con amigos, porque abrir tu portal podía significar encontrarte a alguien dentro en un estado más que cuestionable.

Pero llegaron los 2000 y para muchos (que no todos) el resurgir de Malasaña: gente joven con un cierto poder adquisitivo que se interesaba por vivir en el centro de Madrid, crear sus negocios en el barrio y apostar por fomentar un comercio pequeño, alejado de las grandes superficies y las cadenas de comida rápida. Tal vez este cambio no resultaba del gusto de todo el mundo (como  todo en la vida) pero atrajo público, curiosos y los vecinos que resistieron durante años, volvieron a respirar tranquilos paseando por las calles, aunque el ocio nocturno no les dejase dormir del todo bien (esto no ha cambiado desde tiempos inmemoriales): Malasaña era un barrio del que volvía a hablarse y se alababa poder encontrar en él un clásico como el Casa Camacho, un lugar donde encontrar tornillos de todo tipo, una zapatería para arreglar las tapas, pero también una pop up que apostaba por nuevos talentos y diseñadores o una cafetería que de pronto incluyó en su carta los brunch de los que hasta entonces jamás habíamos escuchado hablar salvo en los todo incluidos de las islas Canarias.

Pero desde entonces, y creedme que me duele muchísimo decirlo, esto ha cambiado y no precisamente a mejor. No sabría deciros exactamente a partir de cuándo, yo diría que más o menos a finales de 2015, y aunque muchos tratan de seguir dando luz a este barrio, cada vez hay que hacer un esfuerzo mayor para que destaque, porque la gente está desencantada, y con motivo.

Malasaña está dejando de tener identidad. Esto está sucediendo porque cada vez resulta más complicado vivir en este barrio: arrendadores que suben el precio del alquiler porque saben que los apartamentos vacacionales (hasta el momento tan poco regulados y tan ilegales en Madrid centro) les pueden dar el doble o el triple de ganancias (y sin declarar, la mayoría de las veces); en el mejor de los casos, podrás tener un arrendador que te permita continuar con un alquiler mensual asumible, pero puede que tu edificio se llene de apartamentos que se alquilan por días y lleguen turistas con ganas de disfrutar el barrio al más puro estilo Magaluf, sin respetar el descanso de los vecinos – porque ellos están de vacaciones, sea martes o sábado – maleta va, maleta viene.

Este último año han ido echando el cierre algunos de los bares de toda la vida para ser sustituidos por locales de comida rápida. No estoy en contra de que abran nuevos negocios ni de culpar a los recién llegados de la situación que vive el barrio, porque cada uno aprovecha su oportunidad y debo reconocer que frecuento algunos de los lugares que han abierto hace poco y me gustan, pero el problema viene cuando dejan de ser una opción para convertirse en una imposición: en Malasaña puedes disfrutar de comidas de todo el mundo y que te las preparen en un tupper para no tener que esperar mesa, pero ojo, que si lo que quieres es una caña bien tirada a un precio normal con unas aceitunas o un pincho de tortilla, ahí lo tienes cada vez más complicado. Y sí, puede que el Bar Prado o la Cafetería Dominó no fuesen lo más glamuroso del universo, pero cada mañana cuando paso por la Corredera Alta de San Pablo, caray, cuánto les echo de menos.

Algunos de los negocios que más me gustaban han tenido que decir adiós porque mantenerse en una de las calles más comerciales resulta prohibitivo para un pequeño comercio: adiós a tiendas que apuestan por una moda sostenible, adiós a negocios que traen al barrio productos de calidad e iniciativas vecinales, adiós a quienes quieren instalarse aquí y les piden alquileres de más de 4.500 €. Con situaciones así, dentro de poco solo podremos dar la bienvenida a franquicias (y no creo que tarden demasiado en llegar). Hay quien no se da cuenta de que Malasaña atrae por todo eso que poco a poco se está marchando: si dejamos de tener lugares con identidad, si los sustituimos por negocios que venden cubos de cerveza a 5 €, a ver quién va a querer quedarse en un apartamento vacacional aquí, porque Malasaña va a ser como estar en el centro comercial de Xanadú.

plaza-del-rastrillo
Plaza del Rastrillo, Malasaña.

¿Y qué pasa si de repente en tu calle se instala un camello que atemoriza a todo el vecindario? ¿Qué pasa si de repente te asomas a tu corrala y hay una cola como si fuese Doña Manolita para conseguir todo tipo de drogas? ¿Qué pasa si tus hijos ya no pueden jugar en la plaza o en la única zona habilitada para niños porque alguien ha decidido que los columpios son la mejor zona para vomitar o para dormir la mona? ¿Qué pasa si los servicios de limpieza ya no dan abasto con toda la suciedad que deja el ocio nocturno? ¿Qué pasa cuando se convierte en algo habitual encontrarte a alguien tirado en la calle cada día cuando bajas a pasear a tu perro? ¿Qué pasa cuando los gritos o las peleas empiezan a ocupar más espacio en el periódico local que las cosas bonitas que pasan en Malasaña? Pues esto es lo que ha pasado, aunque a muchos de nosotros nos duela reconocerlo.

El barrio está herido, esperemos que no de muerte y que pueda recuperarse, pero siento que Malasaña desde hace décadas vive sus ciclos vitales y ahora le está tocando uno de esos que no resulta nada agradable para quienes vivimos aquí. Seguramente habrá quien lo resista y se agarre con fuerzas a estas calles y posiblemente, dentro de unos cuantos años, tendrá su recompensa y volverá a vivir una época dorada. A esa gente yo le deseo lo mejor, pero siento que mi ciclo como vecina de Malasaña está tocando a su fin. Tal vez no solo sea el barrio, tal vez yo cada día peino más canas y busco más tranquilidad, pero me gustará venir a trabajar aquí, disfrutar del ocio (cuando así lo desee) y poner distancia. Como en toda relación de amor, a veces hay que darse un poco de independencia, ¿no creen?

26 slow fashion challenge by Cynthia Bagué

Hace unas semanas decidí dedicar menos tiempo a las redes sociales e invertir todas esas horas en escribir artículos que realmente me motivasen. Una de las ideas que tuve fue dedicar un espacio especial al consumo responsable dentro de este blog y precisamente cuando me disponía a comenzarlo, Cynthia Bagué propuso en su cuenta de Instagram el #26SlowFashionChallenge, más centrado en la moda que en otros aspectos, pero que me parece muy interesante responder, a pesar de no ser una gran entendida de este mundo. En mi cuenta de Instagram iré subiendo poco a poco algunas de las respuestas, pero me apetecía poder dejarlo aquí plasmado con recomendaciones para todo el mundo. Son 26 preguntas, así que trataré de ser muy concisa para que este post no se os haga eterno. Ojalá os guste y, sobre todo, ojalá os animéis a hacerlo y sumaros a este movimiento:

👚 ¡HOLA MUNDO!, ¿QUIÉN ERES?

Soy Adriana, una coruñesa afincada en Madrid que un día se vio preparando una mudanza y descubrió que su armario estaba lleno de prendas todavía con etiquetas y que ni siquiera recordaba cuándo las había comprado. Ahora mi armario es una burra pequeñita en la que (casi) cada prenda es especial y tiene una historia detrás. Me encanta que la gente me diga “¡Qué bonita es esa camisa!” y poder contestar que me ha costado 2 euros en un mercadillo, que ha sido heredada o que la he intercambiado por otra. Poder entrar a las tiendas, mirar y no tener la necesidad de comprarme nada es una de las cosas que me ayuda cada día a ser un poquito más feliz.

👚 LA ÚLTIMA PRENDA QUE HAS COMPRADO

Una de las últimas prendas que he comprado es esta camiseta con la que salgo en esta fotografía. Me costó 3 euros en la penúltima edición del Adelita Market, un mercadillo que se celebra un sábado al mes en la Plaza Dos de Mayo (Malasaña) y que trata de promover el consumo responsable dándole una segunda vida a todas aquellas cosas que tienes en casa y que ya no utilizas.

👚 UNA FOTO ANTERIOR DONDE YA UTILIZASES VINTAGE O SEGUNDA MANO

Esta fotografía es del año 2012, recién aterrizada en Madrid. En esa época me encantaban los estampados llamativos y recuerdo que esa camisa me la ponía siempre que tenía un evento que yo consideraba importante. Me la compré en una tienda vintage de Malasaña que ya no existe; se llamaba Ana Paradelo y estaba en la Calle Espíritu Santo.

👚 UNA PRENDA QUE HAYAS HEREDADO DE OTRA PERSONA

Las prendas que más me gusta heredar son las que han utilizado mi madre (mi “herencia” preferida de ella son unos botines marrones), mi padre (me encantan sus pijamas, aunque mi prenda preferida es un chaquetón militar que me regaló hace unos años y que tiene más de cuatro décadas) o mis familiares en general. Recuerdo que cuando todavía estaba en el colegio me encantaban unos pantalones de pana verdes de mi abuelo que mi madre aborrecía y que yo me ponía sábado sí, sábado también.

👚 ¿CÓMO ES TU ARMARIO?

Mi armario actualmente es una burra en la que tengo casi todas mis prendas y que voy cambiándolas dependiendo de la estación del año. Para mí resulta realmente práctico porque lo tengo todo a la vista y las cosas que más espacio ocupan, como los abrigos y cazadoras, están en el armario de la entrada.

👚 UNA PRENDA CON LA QUE HAYAS VIVIDO UN MOMENTO IMPORTANTE DE TU VIDA

Una vez una maquilladora me propuso hacer de modelo y recrear diferentes décadas. En estas fotografías podéis verme tal y como ella me vistió para la etapa de los ochenta y lo cierto es que me sentía muy guapa con ese sombrero y ese estilismo.

Me encantan los sombreros, aunque no suelo ponérmelos con mucha frecuencia, pero me parece que son uno de los accesorios que más favorecen a las mujeres.

👚 CAMBIO MÁGICO EN UNA PRENDA QUE NO TE CONVENCÍA Y AHORA ADORAS

Lo cierto es que no tengo demasiado ingenio para la costura, así que suelo probarme las prendas antes de llevármelas a casa (algo que antes no hacía nunca jamás y por eso muchas se quedaban en los cajones con la etiqueta puesta) y valoro si me favorece, si le puedo dar un aire más personal con el resto de las prendas y accesorios de mi armario y en el caso de que no me convenza, prefiero no llevármela. ¡Que alguien me enseñe a coser, por favor!

👚 CALIDAD ANTES QUE CANTIDAD: ESA PRENDA

La fotografía no es muy buena, pero sin duda, este abrigo es la prenda que tengo en mi armario de mayor calidad. Me lo regalaron mi madre y mi hermana hace dos navidades: lo vi en el escaparate de una tienda de A Coruña de moda marinera y me enamoré perdidamente de él. Es calentito y muy grande y lo cierto es que para mí es un verdadero tesoro. Creo que jamás voy a tener un abrigo que me guste más.

(Por si os interesa, la tienda es Náutica Pombo y está en la Avenida Primo de Rivera nº 8).

👚 ANÉCDOTA MÁS CURIOSA DE CÓMO CONSEGUISTE ALGUNA PRENDA DE TU ARMARIO

Hace unos años se hacía en la Plaza Dos de Mayo un trueque entre vecinos. Un día que salí a pasear y que no me había planteado participar, pasé por allí y vi un pañuelo precioso. Le ofrecí a su dueña dinero, pero no lo aceptó (ahí estaba la gracia, el dinero en ese mercadito no tenía valor) así que desistí y me fui a tomar un café a una terraza. Al cabo de un rato, su dueña se acercó y me lo regaló (también me regaló un chaleco) y durante mucho tiempo lo llevé al cuello siempre que utilizaba camisas blancas.

👚 PRENDA QUE HAS LLEVADO AL MENOS 20 VECES

Vale, tampoco esta fotografía es la mejor del mundo mundial, pero este jersey – que también conseguí en el Adelita Market en una edición pasada por menos de 5 euros, no recuerdo exactamente el precio – lo he llevado prácticamente todo el invierno. Me encanta su tacto, la forma de su cuello, las mangas, el color y el estampado elegante y discreto a la vez. Combina con todo y esta fotografía me la hice para enviársela a mi hermana, que siempre dice que encuentro verdaderas gangas en los mercadillos y reconozco que es un don del que me encanta fardar.

👚 ICONOS DE ESTILO

Lo cierto es que no estoy yo muy puesta en temas de moda y tampoco podría decir que tengo grandes referentes, pero sí hay mujeres que me inspiran por su estilo como Susan Sarandon – a nadie le sientan las prendas vaqueras como a ella – Carey Mulligan y, aunque nada que ver con las dos anteriores, me fascinaba (y me sigue fascinando) la personalidad que lograba dar a las prendas, a los accesorios o a los peinados Bimba Bosé.

👚 ¿DÓNDE COMPRAS TU ROPA?

Cuando vivía en Coruña compraba casi todo en grandes cadenas, pero lo cierto es que ya en Madrid mi manera de comprar comenzó a cambiar: empecé a frecuentar más el pequeño comercio (sobre todo las tiendas vintage y de segunda mano) y ahora, cuando me lo puedo permitir, me gusta apostar por diseñadores independientes que encuentro en tiendas o ferias y también me sigue encantando ir a mercadillos o tiendas como Humana cuando sé que se pueden encontrar verdaderas gangas.

Aun así, sigo visitando las tiendas comerciales, sobre todo para las prendas más básicas, aunque cada vez trato de invertir menos en ellas.

👚 UNA PRENDA TUYA CUYA VIDA HAS ALARGADO REPARÁNDOLA

Hace muchos, muchos años, cuando Inditex no era este pedazo de imperio que es a día de hoy, sus abrigos eran de una calidad excelente y sentaban a las mil maravillas: podías invertir una cantidad de dinero no muy grande y encontrar una prenda que podías utilizar durante años (sí, antes esas cosas pasaban en Inditex). Pues en esa época, mi madre le compró un abrigo negro a mi hermana con cuello chimenea que se adaptaba a la perfección a cualquier estilo y que por aburrimiento (no por desgaste) mi hermana terminó regalándome al cabo de (mucho) tiempo. Con los años, más de una década después, el forro comenzó a estropearse y decidimos arreglarlo y aunque ahora ya no me lo pongo tanto, ahí sigue, con intención de dar  guerra unos cuantos años más.

👚 UN CONSEJO SOBRE MODA

Cuando comienzas a consumir moda de manera responsable, te das cuenta que lo mejor es contar en tu armario con básicos y tonos neutros de los que sepas que no te vas a aburrir. En mi caso, mis básicos son los pantalones vaqueros y las camisas de colores lisos. Y por supuesto, contar con alguna pieza especial, única y que se salga un poco de lo que llevas de manera habitual para esos días en los que te apetece vestirte diferente. ¡Ah! Y otra cosa que no puede faltar, sin duda, los jerseys de cuello alto para los meses más fríos.

👚 SOSTENIBILIDAD EN OTROS ASPECTOS DE TU VIDA

Como ya comenté al principio de este post, estoy creando una nueva sección en el blog sobre consumo responsable, así que muy pronto os hablaré de manera más detallada sobre la cosmética y la alimentación responsable. Estos últimos años he aprendido mucho sobre estos temas y, aunque tal vez no podamos hacer todo bien, al menos podemos aportar nuestro granito de arena con pequeños gestos.

👚 PRENDA VINTAGE PREFERIDA

Cuando tenía 13 años, mis tías me regalaron las Doc Martens y por aquel entonces me empeñé en que las quería moradas. Además de todo lo que me las puse durante mi adolescencia, hice el Camino de Santiago cuatro veces con ellas y este año las llevé al zapatero para que me las tiñese de color negro. Siguen como nuevas y, sobre todo en invierno, me las sigo poniendo muchísimo. Ahora que lo pienso, tal vez ellas sean la prenda con la que he vivido algunos de los momentos más especiales de mi vida.

👚 PRENDA HECHA DE MANERA LOCAL

Cada año por mi cumpleaños me autorregalo alguna pieza especial (ropa o accesorio) hecha por algun@ diseñador@ independiente. Repetí dos años con Miss Bijoux, que hace bisutería collage en la que mezcla diseño gráfico con cosas nuevas y otras antiguas recicladas, todo personalizado y mágico. Os recomiendo muchísimo que le echéis un vistazo a su web porque cada pieza es especial y estoy segura de que os encantará. Sé que la pregunta era sobre una prenda, pero son accesorios tan únicos y bonitos que necesitaba mencionarlos en este post.

👚 TU ÉPOCA O DÉCADA FAVORITA EN LA MODA

Si tuviese que elegir una estética, me encanta la década de los 80 en las mujeres y los 90 en los hombres, aunque en realidad lo que más me gusta es que cada persona adapte las décadas a su estilo y personalidad porque eso es lo que les hace auténtic@s. Lo que menos me gusta son las tendencias y las modas de temporada, me aburren y las veo muy poco originales.

👚 DIY RECIENTE

Como ya os dije, la costura no es lo mío, pero hace un tiempo me compré unos encajes muy bonitos en una mercería y con ellos y unos enganches de la zona de Pontejos (Madrid) me hice unos chokers adaptados a mi estilo que me quedaron muy pintones.

👚 HISTORIA DE AMOR CON UNA PRENDA

Os contaré un amor imposible: hace unas semanas fui a una tienda Humana de Madrid y ví un jersey rojo que me encantó. Costaba 3 euros y hacía mucho calor, así que decidí pensármelo antes de comprármelo porque creía que con la llegada del buen tiempo ya no le sacaría partido. Pensé en él cada día y a la semana siguiente volví a ver si lo seguían teniendo (además habían puesto todas las prendas a 1 euro), pero ya no estaba. Ahora no dejo de pensar cada vez que me visto que ese jersey me habría quedado estupendo con cualquier conjunto. Espero que quien se lo haya comprado le esté sacando mucho partido.

👚 UNA PRENDA QUE LE HAYAS DADO A OTRA PERSONA

La última vez que hice una mudanza organicé todas mis cosas a las mil maravillas, sin métodos de libros que se venden como churros, a mi manera, pero mi casa quedó estupenda. Organicé varias cositas que ya no me ponía (sobre todo complementos) y se los regalé a una amiga que sabía que les sacaría mucho más partido que yo. Ahora, cada vez que la veo con uno de ellos, me encanta saber que su segunda vida está siendo mucho más fructífera que la primera. Si no te pones algo, ¡regálalo, dónalo o véndelo en algún mercadito! 

(En la fotografía, mi amiga Estíbaliz lleva uno de los collares que le regalé y le queda mil veces mejor que a mí).

👚 CUENTAS DE INSTAGRAM QUE ME INSPIRAN

No soy yo muy instagramera, la verdad, pero como cuenta personal me inspira la de Cynthia Bagué, sobre todo sus stories hablando de consumo responsable de manera muy cercana y personal o cuando lleva a cabo iniciativas tan bonitas como este challenge, Caras de la Información, en la que Isabel presenta personas con talentos de lo más variados y que fomentan un estilo de vida del que siempre puedes sacar algún aprendizaje, La Cierva Vintage para encontrar inspiración sobre moda vintage (y picar algo de vez en cuando) y la de Cristina Cela, propietaria de Miss Vintage Shop, que ella en sí, su negocio y su estilo para la decoración son exquisitos. Desborda inspiración por los cuatro costados.

👚 ACCESORIO FAVORITO DE SEGUNDA MANO

Precisamente de Miss Vintage Shop tengo un bolso negro pequeñito que me compré casi al llegar a Madrid por menos de 10 € que me encanta y que es el tamaño perfecto para cuando sales a dar un paseo. Lo cierto es que de esta tienda tengo muchos accesorios como gafas, pendientes o colgantes que suelo utilizar con frecuencia (y si tienes la suerte de ir y que te coincida que alguno de sus pantalones es tu talla, estarás de enhorabuena, porque en mi opinión tiene una de las mejores selecciones de prendas vintage de todo Malasaña).

👚 LIBRO O REVISTA ECO FASHION

La verdad es que prácticamente todo lo que leo relacionado con este tema y el consumo responsable en general, lo hago a través de internet, sobre todo de Twitter, y mi cuenta preferida relacionada con esta temática es la de Brenda Chávez, periodista y autora de . También me gusta mucho la cuenta de El Huerto de Lucas, donde organizan muchos eventos relacionados con moda sostenible y ecología y a través de su Twitter os podéis enterar de todo.

👚 CÓMO FORMAS PARTE DE LA FASHION REVOLUTION

Soy consciente de que en la vida no puedes hacer todo bien, pero tod@s podemos aportar nuestro granito de arena intentando consumir de una manera más responsable y menos compulsiva en todos los aspectos de nuestro día a día: comprar el pan en la panadería de tu barrio, reparar esos botines que tanto te gustan en el/ la zapater@ en lugar de comprarte otros nuevos, llevar a el/la costurer@ ese vestido que se te ha quedado corto o participar en un grupo de consumo son algunos ejemplos que, a través de pequeños gestos, ayudan a fomentar una manera de consumir mucho más responsable.  Te digo por experiencia que tal vez al principio te cueste un poco, pero verás como una vez metid@ en esta rueda, te darás cuenta que así se vive mucho mejor.

👚 TUS PLANES RESPECTO AL FUTURO DE LA MODA Y CREATIVIDAD APLICADO A TU VIDA 

En realidad mi intención es continuar esta línea de consumo en cuanto a moda se refiere, porque cuanto más sabes sobre estos temas, más consciente eres de que la manera de consumir en la que nos hemos metido es muy poco ética con el ser humano y con nuestro planeta en general y sinceramente, yo no quiero formar parte de este carro al que todos nos subimos mirando hacia otro lado y cargando nuestras bolsas de camisetas bonitas hechas en otras partes del mundo que parecen quedarnos muy lejos como para pensar por qué son tan baratas. Por suerte, creo que cada vez más personas estamos tomando conciencia sobre este tema (no solo en la moda, también en la alimentación y en otros tantos aspectos de la vida) y espero que esto cambie.

Consumir de manera responsable es un estilo de vida que engancha. Si yo he podido, tú también puedes y aunque no hagamos todo a la perfección, nuestros pequeños gestos pueden ayudar a que este planeta sea un lugar un poquito mejor. ¿Te sumas?

¡Muchas gracias Cynthia por esta iniciativa tan bonita! Síguela en Instagram: #26SlowFashionChallenge.

 

 

Sobre la tristeza y la felicidad

adriana-alcol-esto-es-malasaña
Adriana Alcol, Esto es Malasaña

El año pasado pasé la época más triste de mi vida, pero a pesar de ello, tengo recuerdos especialmente bonitos de esos meses. Yo creo que la tristeza nos ayuda mucho a aprender cosas de nosotros mismos y en mi caso puedo decir que cambié muchos aspectos que no me gustaban de mí. No me marqué unas metas ni me compré una libreta bonita donde escribir propósitos, simplemente llegaron de manera natural, sin darme cuenta, pero sí con muchos esfuerzos, eso no lo voy a negar.

De las temporadas tristes se pueden sacar muchas cosas positivas y la principal es que suelen convertirte en una persona más valiente si pones algo de tu parte. Mi consejo para estas temporadas es que aprendas a escuchar a tu cuerpo y que respetes siempre las épocas “de luto”; no te obligues a ser feliz ni a ser fuerte, no es malo refugiarse de vez en cuando en uno mismo y aprender a conocerse; es más, creo que es totalmente necesario y si aprendes que el dolor es parte de la vida, ya habrás ganado una batalla.

Y así, poco a poco, llegan las temporadas de felicidad – ojo, que jamás son absolutas por mucho que las redes sociales se empeñen en que así sean – y si no aprendes a convivir con la tristeza y la felicidad a un mismo tiempo, mal llevas la vida. Para mí lo que hoy en día considero felicidad nada tiene que ver con lo que significaba cuando todavía no peinaba canas, posiblemente porque he aprendido que no se puede ser 100% feliz ni basar tu felicidad en los demás. Con el paso de los años he aprendido que la felicidad se basa en uno mismo, que nadie puede estar bien si tú no pones empeño en ello y que por mucho que te rodees de personas que quieran sacarte una sonrisa a cada instante, lo primero que debes hacer es quererte a tí mismo… ¡y cuánto nos cuesta a veces!

Pero quererse a uno mismo no es mirarse al espejo y decirse constantemente lo que uno vale, a mí eso me parece una mamarrachada; quererse a uno mismo es conocerse y sobre todo, llegar a la cama por la noche con la sensación de tranquilidad al pensar que todo lo que has hecho a lo largo de ese día te hace sentirte bien. Habrá días que no hagas nada especial, otros que hayas disfrutado cometiendo una locura, otros en los que te dejarás llevar sin pensar demasiado, otros en los que te habrás enfadado, sufrido un desencuentro e incluso otros que pasarán sin pena ni gloria (y de estos habrá muchos, aprende a asumirlo), pero para mí, lo más importante es acostarte con la sensación de reconocerte en los actos que llevas a cabo a lo largo del día – y si no es así, cámbialo aunque a veces te cueste – y jamás, nunca jamás, irte a dormir enfadado, esa es quizás la peor sensación que te puedes llevar a la cama; yo mentiría si os digo que a veces no me pasa, que todos somos humanos, incluso quienes viven a base de compartir mensajes positivos en Twitter e Instagram – pero en la medida de lo posible trata de que esto no te pase, y una batalla ganada más que tendrás a tus espaldas.

Y si queréis vivir momentos de felicidad en la vida, os recomiendo que dejéis a un lado el qué dirán, frases del tipo “que nunca tengan nada que decir de ti” ni similares, muy propias de nuestras abuelas (o por lo menos de la mía) porque creo que estar pensando constantemente en lo que puedan decir de ti – bueno o malo – te impide en muchas ocasiones vivir la vida como quieres. Yo he tenido momentos de “tierra trágame”, otros en los que me he lanzado a decir cosas que posiblemente no debería, otros en los que he metido la pata hasta el fondo y más allá y otros en los que quizás he actuado de maneras que no son propias de mí, pero ¿sabéis qué os digo? Que (casi) todos ellos me han proporcionado anécdotas que a la larga incluso han resultado divertidas o que me han definido un poco más cómo soy o como quiero ser. Cometer locuras o dejarse llevar a veces es necesario y muy sano, sin que ello signifique que pretendas ser el centro de atención, pero de verdad, dejar de hacer cosas por el miedo al que dirán es una de las situaciones más tristes que te puedan pasar. Vive como quieras, sin hacer daño a nadie y trata de encontrar a lo largo de tu vida los mayores momentos de felicidad, esa es la clave.

Ser feliz es lo mejor que te puede pasar y últimamente yo lo relaciono mucho con la tranquilidad, pero la felicidad para cada uno significa algo diferente. No tengas miedo de decir que eres feliz, no es malo y por lo tanto no debes sentir pudor, sin que ello signifique que  tengas que mostrárselo al mundo en fotos, estados o actualizaciones. Posiblemente cuando seas realmente feliz, te olvides de sacar el móvil y subirlo en una red social, porque estarás ocupado viviendo. Ese es quizás uno de los mayores secretos de la felicidad: compartirla con quien realmente te importa.

Y tú, ¿Cómo te sientes?

Lo que yo entiendo por amor

 

teen-love

Cuando era (muy) pequeña me enamoré de un niño de mi pueblo. Creo que a día de hoy podría decir que fue el amor más puro y real que he sentido en mi vida. Él vivía en Madrid y yo en Coruña, así que sólo le veía los 15 días de Agosto que pasaba con mi familia allí. Apenas hablábamos, pero cada palabra o mirada que cruzábamos, se me quedaba grabada a fuego y podía reproducirlas a la perfección en mi cabeza durante el resto del año, lamentándome de no haberle dado otra respuesta o imaginando que le veía y le decía que se casase conmigo – sí, sí, hasta esos extremos de enamoramiento llegó aquel dulce muchacho. Me habría vestido de blanco con cinco años si él me lo hubiese pedido; creo que hasta el día de hoy ha sido la única persona que ha conseguido que yo haya llegado a pensar en boda. Hasta ahí llegaba mi amor.

Con el paso de los años, cuando ya estábamos en la universidad y cada uno tenía su vida, le confesé que había sido mi primer amor y él me dijo que yo también le había gustado – a ver, era el popular y tenía muchas pretendientas, así que creo que su amor hacia mí no llegaba al mismo extremo, para ser sinceros. Tengo la impresión de que yo a él le “molaba” y eso está a años luz de mi amor hacia él, pero bastó para darme cuenta que lo mejor cuando alguien te gusta es decírselo, con naturalidad y sin esperar que siempre sea correspondido, pero no quedarte nunca con eso dentro.

teen-love

Y tras ese primer amor, sincero y puro, llegó la edad del pavo, las hormonas revolucionadas y los primeros besos y entonces me enamoré de un niño de mi colegio, mayor que yo, por el que sufrí dolorosamente durante más de dos años en los que me resultaba imposible fijarme en otra persona. A diferencia de ese primer amor, éste dolía mucho, no sé explicaros; con él me centré más en la pena y el tormento, porque con él sufría. No era bonito visto desde la distancia, pero para mí cada lágrima merecía la pena – así de tontunos nos volvemos en la adolescencia y quien diga que ésto no le ha pasado, miente – y la felicidad era absoluta cuando me cruzaba con él de camino al autobús, me sonreía y me decía “hola”. Lo que para él sería un simple saludo, para mí era el momento más importante del día; dependiendo de la sonrisa pensaba que le gustaba, que era tonto o que le quería matar por no ser mi novio… ¡Y así durante dos años! Y llegó el verano y me crucé con él un día de la mano con una chica, feliz y con ojitos de enamorado, y decidí que mi vida no podía seguir así – a veces los adolescentes también tienen su punto de racionalidad – y felizmente decidí que lo mejor para gestionar el mal de amores era que me gustasen varios a la vez, aunque de esa época debo decir que ninguno llegó a mi corazoncito. Los amores adolescentes marcan el resto de tu vida, de eso estoy convencida y este niño mayor de mi cole me hizo entender que a veces no es bueno estar tan enamorada, porque una – por lo menos yo – se vuelve rotundamente gilipollas.

teen-love

Y entonces llegó la época de la (supuesta) madurez y ahí me dejó de resultar fácil eso de enamorarme. En este punto he comprendido que los amores que duelen y que te hacen sufrir, como que no los veo. No creo eso de quien te quiere te hará llorar, a mí eso me parece una tremenda tontería, así que si no estás bien con alguien, mejor sola; en esta época debo decir que creo que me han marcado más amores cortos que largos (con una única excepción), posiblemente porque no se ha dado la opción de sufrir demasiado con ellos y siempre te dejan un buen sabor de boca. Seguramente quizás denote un poco de inmadurez mi visión sobre el amor en esta época en la que se supone que ya debería estar planteándome cosas más serias, pero así lo siento y así os lo expreso.

adult-love

Para mí es realmente complicado encontrar el amor verdadero, o que coincidas con él en el tiempo y las circunstancias para que se pueda dar una historia bonita, pero una vez lo consigues, creo que puede ser realmente maravilloso, porque aunque seguramente algunas veces duela, te haga sufrir o sientas dudas – ojo, siempre con un límite dentro de lo normal, que no todo van a ser mariposas en el estómago y eso lo asumo – siempre hay algo que supera todo eso y es la complicidad de estar con alguien e imaginar tus últimos días con esa persona, cogidos de la mano y recordando todo lo bonito que has vivido con ella. Si llegas a ese punto, te doy mi más sincera enhorabuena, porque reconozco que la vida es mucho más feliz cuando se está enamorado de alguien y cuando compartes tu alegría con la persona que has escogido compartirlo todo.

No os cerréis al amor jamás, pero que eso nunca signifique que soportéis cualquier cosa por estar con alguien, porque como todo en esta vida, el amor también tiene límites y están en que nunca dejes de ser tú mism@.

No creo en los amores de película

El amor nos vuelve a tod@s un poquito gilipollas. Esto es así, pero en el momento nos da exactamente igual, porque cuando un@ está enamorad@, ve la vida desde una perspectiva en la que todo es de color de rosa e incluso el mayor traspiés se convierte en una ligera caída entre nubes de algodón. En mi caso trato de no perder el norte y tener siempre los pies en la tierra, pero hay veces que resulta imposible y dejarse llevar puede ser realmente maravilloso, no nos vamos a engañar. El caso es que incluso cuando estoy enamorada siempre pienso que ese estado no va a durar eternamente (es más, dura más bien tirando a poquito), así que la experiencia en este campo (y las tortas que me he dado en él) me han enseñado a comprender que el amor nunca jamás es como lo que vemos en las películas. Y no, no es mejor – en este caso la ficción siempre supera a la realidad – porque por lo general las películas siempre suelen poner “The End” en los momentos más bonitos de las relaciones: cuando termina el verano, cuando te entregan las llaves para comenzar a convivir, cuando dices “Sí, quiero” o situaciones similares. Hasta ese punto, TODAS las relaciones son PERFECTAS (y si la tuya no lo es, te aconsejo que huyas como alma que lleva el diablo, porque estará abocada al más absoluto y doloroso fracaso).

Así que hoy he decidido poneros tres ejemplos de películas románticas que me han hecho llegar a la conclusión de que el amor en el cine es total y absolutamente absurdo si te paras a mirarlo con detalle. Empezaré por una de mis películas preferidas (para que veáis que en el fondo soy una romántica empedernida): Los puentes de Madison.

Los puentes de Madison
Los puentes de Madison

Francesca se queda unos días sola en su casa, sin su marido y sus hijos, y llega al pueblo un fotógrafo (Robert) para hacer un reportaje sobre los puentes de esa zona. Se gustan desde un principio y viven una historia de amor prohibida que ambos saben que terminará el día que regrese la familia de ella. Aún así, Robert le pide a Francesca que lo deje todo para irse con él, pero finalmente ella se queda en su casa de campo y él se marcha para seguir con su vida. Viven enamorados hasta el final de sus días (no vuelven a verse) y deciden que sus cenizas se esparzan en la zona de los puentes.

La película es preciosa, eso es innegable para los que nos encanta este género cinematográfico, pero ese amor resulta maravilloso precisamente porque es prohibido, secreto y sólo dura una semana. Si yo fuese Francesca, también me habría enamorado de Robert, pero, ¿qué habría pasado si ella decide abandonar a su familia por él? Seguramente tendría una depresión de caballo, porque dejar a tus hijos debe ser algo harto complicado que además ellos jamás le habrían perdonado y ella se habría cansado de viajar siguiendo a Robert a sus diferentes aventuras por el mundo adelante, porque eso está muy bien una temporada, pero toda la vida estoy segura de que a cualquier hijo de vecino le termina cansando. Además, si en alguna ocasión él se hubiese ido solo a un safari y yo fuese Francesca, andaría siempre con la mosca detrás de la oreja por si tuviese una amante en cada puerto.

El secreto de este amor reside precisamente en haberlo dejado en el momento álgido de la relación, en el que no se vivió ni un solo “por favor, cambia el rollo de papel higiénico cuando se termine” o “me da igual que la cama se deshaga todos los días, por las mañanas hay que ventilar y dejarla hecha”, por poneros algunos ejemplos.

La segunda película que analizaremos, otro clásico entre los romanticones, es “El diario de Noa”, que reconozco que yo jamás le he encontrado el punto.

El diario de Noa
El diario de Noa

En una residencia de ancianos, un señor muy simpático y atento lee a una señora con alzheimer una historia de amor escrita en su viejo diario. Es la historia de Noah Calhoun y Allie Nelson, dos jóvenes adolescentes de Carolina del Norte que, a pesar de pertenecer a clases sociales muy diferentes, se enamoran y pasan juntos un verano inolvidable, antes de ser separados, primero por la familia de ella (la madre se portó muy mal, hay que reconocerlo), y más tarde por una guerra.

¿Por qué es bonita esta historia? A mí no me lo preguntéis porque ya os he dicho que no le encuentro el punto a esta película, y la razón es muy sencilla: ¿Qué habría pasado si Noa y Allie se hubiesen intercambiado los papeles? Allie sería pobre, se habría quedado en el pueblo construyendo la casa de los sueños de Noa, alcoholizándose y con la total imposibilidad de mantener una relación con otra persona porque no sería capaz de olvidar al dulce muchacho y él le habría encontrado una sustituta más rápido que deprisa, con la que se comprometería y justo los días antes de la boda decidiría ir a ver a Allie para ver qué siente y valorar la opción de casarse o no. Estoy segura de que en este caso todos habríamos puesto el grito en el cielo, por infiel y jetas.

En la película, Allie de camino a Carolina del Norte seguro que iba pensando “Yo voy hasta allí, veo a Noa y a ver cómo se cuece el tema: si la cosa va bien, yo me acuesto con él y me hago la mejor despedida de soltera de la historia, que total, no se va a enterar nadie. Si veo que me compensa cortar con mi novio rico, pues le dejo plantado con todos los preparativos listos. Si veo que no estoy hecha para vivir en el campo o Noa se ha convertido en un mamarracho, cojo el coche y me vuelvo a la ciudad y que le den viento fresco”.

Un consejo que os doy para ver las películas románticas es que intercambiéis siempre los papeles de los protagonistas, porque en ocasiones cambia mucho la historia. ¿Queréis otro ejemplo? Pues ahí va: Amelie.

Amelie
Amelie

Os confieso que yo ADORABA esta película, pero un día un amigo me dio su punto de vista sobre ella y comencé a verla de manera totalmente diferente. Esta es una pequeña sinopsis: Amelie no es una chica como las demás (esto no hace falta que lo jure). A los veintidós años, y tras una vida familiar un tanto extraña, descubre lo que quiere hacer el resto de sus días: arreglar la vida de los demás (o eso es lo que ella piensa). A partir de entonces, inventa toda clase de estrategias para intervenir en los asuntos de los demás: su portera, una estanquera hipocondríaca, o “el hombre de cristal”. Entre todas estas historias, se enamora de Nino, un chico más raro que un tomate azul, que trabaja medio día en “el tren del horror” y el otro medio en un sex shop y que colecciona las fotos que la gente va desechando en las cabinas de fotomatón. Ella se obsesiona con él, pero prefiere un encuentro casual a una presentación directa, así que decide intentarlo una y otra vez, pero la cosa se complica en cada oportunidad.

Hagan la prueba, señor@s, e intercambien los papeles de Nino y Amelie. Vale que la película tiene una estética y una banda sonora ideal, pero si Amelie hubiese sido un hombre, y en lugar de Paris hubiese sido, qué sé yo, cualquier barrio normal de cualquier ciudad, con más días lluviosos que soleados, habríamos llamado a la policía más rápido que deprisa. Amelie sólo tiene un nombre (o dos): metiche y acosadora.

No es por nada, pero yo siento que me persiguen de esa manera – y no digamos ya si soy su vecina y entra en mi casa a cambiarme la pasta de dientes por la crema de los pies, que hay que ser mala pécora – y te aseguro que estoy en comisaría poniendo una denuncia que se le cae ese pelo de corte imposible que sólo a ella le queda bien. Pero claro, Amelie es dulce, tierna y su casa parece de muñecas y entonces incluso una perturbada mental como ella puede resultar más entrañable que un gatito jugando con un ovillo de lana.

Y aquí tenéis un breve resumen de por qué no creo en los amores de película. Vale que en la vida real por lo general las relaciones no suelen ser tan emocionantes y con el tiempo descubrirás que casi todas son muy parecidas, pero qué queréis que os diga: yo me quedo con un tipo normal, que se olvide a veces de nuestro aniversario o de cambiar el rollo de papel higiénico, pero que no me vuelva la cabeza del revés y que no me haga levantarme cada mañana como si viviésemos en una atracción de feria. Tranquilidad, señor@s, eso es lo que yo le pido a la vida amorosa, con una gota de picante de cuando en vez (y con eso me conformo). 

 

Canciones y recuerdos

Si hay algo que jamás podría hacer en mi vida es escribir sobre música. Se me da realmente mal – jamás me contratarían para hacer la crónica de un festival o de un concierto, os lo digo de verdad – pero como tras muchos meses de (medio) silencio he vuelto a disfrutar de la música, hoy os quería poner la lista de de mis canciones preferidas del momento relacionadas con recuerdos; algunas me producen felicidad y otras algo de melancolía, pero esa es la salsa de la vida… ¡Espero que lo disfruten tanto como yo!

(El orden va según se me han ido viniendo a la cabeza, no por preferencia)

JUST BREATHE (PEARL JAM)

De Pearl Jam podría elegir unas cuantas, pero últimamente esta es la que más escucho. Me gusta Eddie Vedder porque me trae recuerdos muy bonitos, como el concierto de Milán al que fui a verles celebrando mi cumpleaños. Este año espero repetir experiencia si confirman que finalmente tocarán en Europa y Roma o Lisboa será uno de mis destinos elegidos. (Además, físicamente se aproxima mucho a mi ideal de belleza masculina, y esa voz… Si, estoy un poco enamorada de él, no lo puedo negar).

LOVE IS A LOSING GAME (AMY WINEHOUSE)

Amy es una de mis voces femeninas preferidas sin duda alguna. Valerie o esta canción siempre me ponen los pelos de punta. Si no habéis visto el documental dirigido por  Asif Kapadia “Amy (La chica detrás del nombre)” os lo recomiendo para que entendáis un poco más sobre esta mujer que siempre tiene una canción perfecta para cuando estás triste o para cuando estás contenta.

COLD COLD GROUND (TOM WAITS)

Esta canción me recuerda a mi más tierna juventud, cuando era tonta perdida y creía que los tipos atormentados y oscuros podían cambiar, enamorarse y ser los novios perfectos. Eso jamás pasa, advertid@s quedáis, pero curiosamente siempre dejan huella en tu vida y con el tiempo logran que se conviertan en recuerdos bonitos. Y además, todo el mundo debe vivir un amor así. Duelen, pero a la vez son maravillosos (duren el tiempo que duren).

PARDO

Muchas veces cuando siento morriña, llego a la oficina, veo este vídeo de Pardo, y me pongo más morriñenta todavía, pero de esa morriña que da gustito  y que te trae a la cabeza momentos que te hacen feliz. Pardo me recuerda a Coruña, a las noches compartidas con amigas de toda la vida, a ir de bar en bar y beber cerveza hasta altas horas de la madrugada. Cuando pienso en esas noches y en esos momentos, siento ganas de volver a Galicia y él me hace recordar de dónde vengo y qué cosas no me gustaría que cambien nunca en mi vida.

FAHRENHEIT 451 (IVÁN FERREIRO)

Me gusta Iván Ferreiro. Pero mucho, no os lo podéis imaginar. El año pasado fui a tantos conciertos de él que no logro contabilizarlos, pero esta canción se convirtió en una de mis favoritas porque me recuerda al mes que viví con uno de mis mejores amigos. Consiguió que el que podría haber sido uno de los peores momentos de mi vida fuese simplemente un tanto melancólico, pero sin dramas. Y es que cuando son las tres de la mañana y alguien entra en tu habitación a traerte una infusión para saber si estás bien, entonces sabes que algo no debes de estar haciendo tan mal si cuentas con amigos como él.

TENDRÁS QUE HACERLO MEJOR (DELUXE)

Deluxe me recuerda a una época muy feliz de mi vida: Amor, viajes y mi primera experiencia profesional “seria”. Y un día llegó la crisis y me despidieron y yo, que estaba muy arriba de ánimo, pensé en enviarle esta canción a mi ex-jefe, una idea peregrina que en aquel momento me parecía la más maravillosa del mundo. Gracias a Dios no lo hice, porque a las dos semanas de paro me volvieron a llamar. Muchas veces me pregunto qué habría pasado si mi inconsciente juventud hubiese apostado por enviarle como respuesta esta canción…

BELLEZA Y MIEDO (RICARDO VICENTE Y ZAHARA)

Descubrí a Ricardo Vicente a través de mis compis de oficina Desvelo, y aunque suelo escuchar su disco en bucle, ahora esta canción es mi preferida. Os diré que yo no suelo ir a muchos conciertos porque siento una cierta angustia cuando me veo rodeada de mucha gente, y posiblemente los conciertos de Ricardo Vicente son los que más me han hecho olvidar lo que tengo alrededor. Eso sólo puede significar cosa buena, y con Zahara son sencillamente el combo perfecto.

TESOROS (ANTONIO VEGA)

Y aunque los años me han hecho comprobar que los hombres atormentados no cambian ni aunque les ames con toda tu alma, reconozco que tienen algo que me encanta. De Antonio Vega se ha hablado mucho, pero estoy segura de que no debía tener una personalidad fácil y que yo me habría enamorado de él, eso seguro. Desordenada habitación y Tesoros son algunas de mis canciones preferidas. Adoro su aire melancólico y me encanta escucharle desde la cama esos días que te apetece no dejar de soñar.

VISA PARA UN SUEÑO (JUAN LUIS GUERRA)

Amo a Juan Luis Guerra, señores, le amo por encima de (casi) todas las cosas. Me recuerda a mi infancia, que siempre me dormía escuchándole en el walkman, a mi adolescencia, que lo bailaba sin parar y a mi época en la que os he contado que era tonta perdida y me enamoraba de quien no debía. Esta y Si tú no bailas conmigo son de mis preferidas, pero reconozco que todos y cada uno de los recuerdos que me evoca este hombre son sencillamente maravillosos.

LA COMPLICIDAD (PEROTA CHINGÓ)

Descubrí a este grupo de puritita casualidad y cuando me enteré que el año pasado habían estado en el Campo de la Cebada, casi lloro de pena por no haber ido a verles. Me transmiten buen rollo, incluso cuando tengo ganas de mandar todo a tomar viento fresco, así que por las mañanas suelo despertame con ellos y canto sus canciones en la ducha. Sí, yo soy de esas que bajo el agua se cree que tiene una voz prodigiosa, qué le vamos a hacer…

Y UN EXTRA… CLUB DE FANS DE JOHN BOY (LOVE OF LESBIAN)

Antes odiaba con todas mis fuerzas a este grupo, pero hace un par de años comencé a enamorarme poquito a poco de ellos. Me recuerda a mis amigas de siempre, a amigos que se cruzaron en mi camino y ya no han salido de él y me hace pensar que todo el mundo puede cambiar, incluso yo, y que los cambios no siempre tienen que ser malos, sólo es cuestión de aceptarlos y valorar si te compensan en tu vida.

Si os digo la verdad, he disfrutado mucho haciendo esta lista, así que creo que será una sección habitual en mi blog – y posiblemente la haga también con libros, cine y lo que se me vaya ocurriendo… Ah! Y porque si no lo pongo puede que se me olvide, os voy a dejar aquí uno de esos canales de Youtube que me tiene muy atrapada con sus versiones, a ver qué os parece; se llaman PostmodernJukebox y me encanta esta de Sorry:

Mi primer año como autónoma: mi experiencia personal

El próximo mes haré un año como autónoma, esa palabra que asusta a muchos pero de la que también podemos sacar la parte positiva. He querido resumiros los ocho puntos que yo considero importantes para tener una buena organización; algunos puede que os suenen muy evidentes, pero es fundamental que los tengáis en cuenta para que comprendáis que es posible ser autónomo y que no trabajes 365 días del año, 24 horas.

1. Darte de alta en Hacienda y en la Seguridad Social: Asusta, pero es un trámite muy rápido y sencillo de completar. En internet encontraréis muchas webs que os hablen de este punto, pero yo debo reconocer que en las oficinas me facilitaron toda la información necesaria y en una mañana lo tuve todo solucionado. Si es la primera vez que vas a ser autónomo, puedes optar a la tarifa plana, que en infoautónomos nos explican muy bien:

  • Primeros 6 meses: 50 euros justos de la cuota por contingencias comunes. Esta cantidad entró en vigor el 10 de octubre de 2015, hasta entonces ascendía a un 80% de reducción de la cuota, con lo que con las bases y tipos de 2015 se quedaba en 53,59 euros.
  • Meses 7 al 12: 50% de reducción durante el segundo semestre, que se quedaría en 2015 en 134,06 euros.
  • Meses 13 al 18: 30% de reducción durante el siguiente semestre, que se quedaría con las bases y tipos de cotización de 2015 en 186,25 euros.

En la red os podréis ir informando de todas las novedades que surgen al respecto. Cuando eres autónomo es bueno que revises de vez en cuando las últimas noticias sobre estos temas y hay webs que facilitan de manera muy rápida y sencilla esta información.

2. Contactar con un gestor, para mí, el dinero mejor invertido: Yo decidí desde un principio contactar con un gestor de confianza – siempre vas a conocer a alguien que te pueda aconsejar a alguno que no suponga un gasto enorme al mes – y me ayudó a saber todo lo que tenía que hacer en el momento en el que comencé los trámites. Para mí es una tranquilidad contar con la ayuda de alguien que entiende sobre el tema y me llama cada vez que hay alguna novedad o al que yo puedo hacer cualquier tipo de consulta. El mío, por ejemplo, me ayuda a resolver temas de facturas, saber qué gastos puedo incluir y cuáles no, me gestiona los temas del IVA trimestral, etcétera. Si eres organizad@, puede que tú mismo puedas gestionar este tema. Yo creo que para estas cosas, a mí me viene mejor contar con él. Es un gasto más en el mes, pero una cosa menos que me quita el sueño.

3. Organiza tus facturas y tus gastos mensuales en carpetas y haz un cuadro en Excel con toda la información, para que no te pille el toro: Reconozco que esto yo no lo hice desde un principio y es un gran error, así que te recomiendo que este punto no te lo saltes. Cómprate un A-Z, una carpeta clasificadora o lo que te venga mejor, pero vete metiendo en cada apartado las facturas que tú emites y tus gastos, organizados por fechas y además, para que lo tengas todo mejor controlado, prepara también una carpeta en el escritorio de tu ordenador con toda esa información. Para mí la manera más sencilla es hacer un cuadro de Excel con pestañas de ingresos y gastos por cada trimestre. Esto te facilitará mucho las cosas en el momento de tener que presentar el IVA trimestral.

4. Organiza tu espacio de oficina, sea en casa, en un coworking o donde más te guste: Para mí es muy importante que cada día de la semana que te toque trabajar, te levantes y tengas un lugar que sientas como oficina y que esté lo más confortable posible: Tener un escritorio donde dejar tus cosas, que no anden cada una por un lugar diferente de la casa, que sea luminoso y lo suficientemente amplio como para que no te sientas agobiado entre papeles: Piensa que pasarás muchas horas allí, así que dedícale el tiempo necesario para ponerlo a tu gusto.

5. Organiza tus horarios: Este es también un punto fundamental y que a los autónomos a veces (con más frecuencia de la que querríamos) se nos escapa de las manos, así que trata de habituar a tus clientes a que comprendan que también tienes vida, puede que a algunos les cueste llegar a entenderlo, pero créeme que es posible. Y recomendación personal (siempre que tu trabajo te lo permita), desactiva las notificaciones del mail en tu tiempo libre. ¡Verás qué sensación tan agradable!

6. Organiza tu agenda: Yo soy de esas personas que necesita apuntar todas mis citas y tareas en una agenda y eso me ayuda mucho a organizar mi tiempo. Tener sobre la mesa, además de la agenda, un planning mensual donde puedas apuntar las citas y tareas más importantes, te ayudará a que no te veas tan saturado de trabajo algunos días de la semana. Verlo a principios de semana te ayudará a saber qué días vas a tener más libres para trabajar en otras labores, como presentar proyectos a posibles interesados, contactar con personas que creas que pueden necesitar de tus servicios, etcétera. Hay quien es más tecnológico y todo lo apunta en el ordenador, pero yo sigo necesitando del papel y el boli. Si, yo soy una autónoma de la EGB…

7. Organiza tus gastos: Sé que este es un punto que trabajadores por cuenta propia o ajena deben de tener en cuenta, pero los autónomos ingresamos un dinero en cada factura que no podemos gastar para luego pagar la temida trimestral y nuestras cuotas, así que es importante que no lo olvides ningún mes para que no te veas con el agua al cuello y comiendo arroz día sí, día también hasta que vuelvas a cobrar. Yo trato de separarlo cada mes, lo que también te enseñará a gestionar tu economía. Este punto es de los más importantes… ¡Recuérdalo desde el mismo día que te des de alta como autónom@!

8. Organiza tu tiempo libre: Vale, somos autónomos, pero también tenemos derecho a descansar y a disfrutar del ocio. Tienes que aprender a desconectar y a entender que el mundo no se va a caer si te permites irte a cenar un día con amigos o a pasar un fin de semana en tu ciudad preferida. Avisa a tus clientes de que esos días no estarás disponible, disfruta de la buena compañía y, muy importante, evita hablar de trabajo, que la vida se compone de muchas más cosas que merecen la pena. Además, desconectar te ayuda a retomar el trabajo de mucho mejor humor a principios de semana. Ser autónomo no significa serlo 365 días del año, 24 horas, ¡Recuérdalo siempre!

Que nadie te diga cómo vivir tu vida

 

Como ya sabéis, el 2015 fue un año de mierda para mí, pero una vez pasado y con una actitud mucho más positiva, debo deciros que estos últimos meses me han enseñado muchas cosas. Y es que como dijo Anita Obregón el otro día en una entrevista, la felicidad son esos momentos que uno vive entre putada y putada, y la infelicidad es precisamente creer que la felicidad es una constante, porque eso es lo que genera la frustración, creer que se puede vivir permanentemente feliz.

De mí misma he aprendido también muchas cosas que creo que me han hecho mejor persona, y es que no hay mal que por bien no venga, pero lo más importante de todo es que he aprendido a vivir la vida tal y como yo creo que es buena, sin dejarme influir por lo que se supone que es lo correcto. 

f6a0e2cc7c67d5b3be0cd2efafa51fe7Durante mucho tiempo creí que lo bueno era seguir el camino que la vida – o la educación que a mí me han dado – te marca: Estudiar una carrera, conseguir un trabajo estable, tener una pareja, conocerla, irte a vivir con ella, casarte, tener hijos, educarles bien, que estudien una carrera, y vuelta a empezar. Pero no: He estudiado una carrera que me ofreció trabajos que hoy en día he descubierto que no me llenaban nada en absoluto. Me gusta haber tenido la oportunidad de trabajar en algo que me gusta e ir formándome poco a poco, lo que me ha hecho descubrir de mí misma que me gusta estudiar, tener iniciativa y ser más creativa. Me gusta tener una pareja estable, pero también he descubierto la magia de no tenerla, de disfrutar de momentos con personas que te hacen feliz un día, una semana o lo que dure, sin compromisos, sin amor, sin celos, sin llamadas rutinarias para preguntar qué tal tu día. He descubierto que vivir sola también tiene sus ventajas, como mantener tu orden o comer a las cinco de la tarde tirada en un sofá viendo la película que tú has escogido. No quiero casarme, nunca lo he querido, y el instinto maternal brilla por su ausencia (por lo menos hasta el momento). Y he aprendido que a veces, cambiar de raíl, es la opción que te puede ayudar a ser mucho más feliz, aunque no sea lo que los demás esperan de tí.

He aprendido también que mientras un@ viva la vida como quiera, sin hacer daño a nadie, lo demás poco debe de importar; el qué dirán, las miradas constantes que parecen juzgarte, las conversaciones de otras personas que llenan sus cafés y sus vidas hablando de la tuya como si estuvieran en la posesión absoluta de la verdad o las miradas de reprobación, han pasado a importarme entre cero y nada en cuestión de meses. “La vida dirá” es una de las frases que más utilizo últimamente, y es que así es como debe de ser: Si tú decides seguir el camino que la vida te marca, puedes ser tremendamente feliz, pero si decides salirte de él, también. Debo decir que precisamente esos momentos que han surgido de manera espontánea en este 2015 son los que me han dado la felicidad, sin que ello suponga que mi vida es un caos; sí, así ha sido en determinados momentos, tampoco os quiero engañar, porque el sentirme perdida ha sido una de las sensaciones que más he tenido este año en algunos aspectos, pero que nadie se engañe, que ese sentimiento lo tienen incluso aquell@s que tus padres siempre te ponen de ejemplo en las comidas familiares.

b35eeed634e72420b6afa6573b43ff72Nadie debería decirte cómo vivir tu vida. Nadie debería decirte qué camino debes escoger. Crecer significa muchas veces equivocarte, caer, llorar, pero… ¿Sabéis el placer que supone el escoger tú mism@ el camino y saber que si no lo hubieses probado, te arrepentirías toda la vida?

La vida no siempre va a ser feliz, pero precisamente esa es la magia, así que aprende a disfrutar de esos instantes, que pueden durar segundos o años. No hacer daño a nadie, tener la conciencia tranquila y tomar decisiones sin dejarte arrastrar por la marea, por lo que el sendero te marca como el camino fácil, es el secreto para sentirse bien con un@ mism@. Y ese es el primer paso para alcanzar la felicidad. Déjate llevar, no tengas miedo y sonríe cuando tengas que sonreír y llora o acuéstate todo el día a escuchar música melancólica cuando te venga en gana. Eso es la vida, no pretendas ser Mr. Wonderful 365 días del año, que incluso a aquell@s que en Instagram te muestran desayunos fabulosos, habitaciones perfectamente decoradas o posturas de yoga imposibles, también les salen granos, sufren por amor o se sienten perdidos entre foto y foto.

Yo me he propuesto intentar vivir como yo creo que debo vivir. No sé si escogeré la opción correcta o me pegaré un buen batacazo, ya sabéis… “La vida dirá”

 

Porque trabajar en algo que te gusta también es trabajo

Estudié relaciones laborales. Antes de terminar la carrera, empecé unas prácticas en una empresa de selección de personal y luego me quedé trabajando allí. Fueron unos años maravillosos, quizás de las experiencias laborales más bonitas que he tenido en mi vida – en España todavía no había llegado la  crisis y el ambiente laboral era inmejorable. De pronto llegaron las fusiones, las absorciones y mi puesto de trabajo peligraba. Me surgió una oferta en una empresa similar y decidí marcharme, pero parecía que las fusiones me perseguían, así que ese trabajo no duró tanto tiempo como yo habría deseado. Entonces me planteé hacer un máster y lo compaginé con trabajos temporales que me proporcionaban algunos ingresos y que hacían que mi nivel de  estrés fuese entre cero y nada. No es que me llenasen demasiado (por no decir que no me llenaban absolutamente nada) pero fue una época feliz y tranquila en la que seguía buscando trabajo de lo mío. Galicia en época de crisis no es el mejor lugar para encontrar trabajo, pero finalmente llegó y volví a trabajar en selección para una empresa de externalización de servicios. Esa fue quizás la peor experiencia laboral de mi vida, pero aprendí algo muy importante: Qué clase de persona no quiero ser jamás, así que aunque recuerdo esa oficina como gris y lluviosa, algo saqué en limpio (además de a dos personas a las que considero amigas, que no es poco).

Durante los últimos meses en Coruña, colaboraba con algunas webs como editora con temáticas que no me atraían demasiado – venga, os confieso que llegué a escribir la biografía de Kiko Hernández, ya podéis matarme – y alguien me ofreció por primera vez la oportunidad de trabajar como Community Manager, un término del que no había escuchado hablar hasta ese día… ¡Yo, que no tenía ni internet en el móvil y mis amigas se reían de mí porque no sabía ni lo que era un whatsapp! Pero tuve una reunión y acepté comenzar a compaginarlo con mi trabajo “real”. La empresa no tenía demasiada chicha, de hecho era un proyecto que se  veía que no iría para adelante, pero yo aprendí muchas cosas y me sirvió para darme cuenta de que era un mundo que me gustaba.

Fotografía: http://under30ceo.com
Fotografía: http://under30ceo.com/

Y de repente llegó Madrid. Encontré un curso – máster (qué más da la terminología, lo importante es que a mí me sirvió para aprender muchas cosas) para convertirme en “Community manager” de manera oficial y poder tener un título (maldita “titulitis“) que me acreditase para poder gestionar las redes sociales de posibles proyectos a los que comencé a enviar propuestas. Y así fue como nació (o quizás siempre lo he tenido, pero nunca le había permitido despertar) mi faceta de “freelance” o “autónoma”, llamadlo como más os guste, al fin y al cabo no dejan de ser términos o etiquetas.

Creé este blog y lo que en un principio imaginaba que sería un entretenimiento hasta que encontrase un trabajo “de verdad” – sí, porque eso del teletrabajo, ganando una miseria por muchas horas que le dedicase, teniendo una carrera y un máster del universo, no entraba en mi cabeza ni en la de nadie que me rodease. Buscar un trabajo de verdad era mi objetivo principal y no debía salirme del camino que la vida me había marcado.

No sé deciros qué me pasó exactamente, ni cómo ni cuándo sucedió. Sólo sé que a pesar de lo que me decía la gente, empecé a plantearme muchas dudas existenciales (para mí eran las más existenciales del mundo mundial): ¿Y si lo mío no es recursos humanos? ¿Y si esto que ha comenzado un poco como hobbie se me da mejor que sentarme frente a un ordenador todos los días a hacer cribas curriculares? Y me dí cuenta de que, a pesar de no tener horarios, de trabajar fines de semana, de hacer colaboraciones gratuitas o de cobrar menos del esfuerzo que merecía cada uno de mis trabajos, NUNCA había sido más feliz laboralmente hablando.

Trabajo en algo que me gusta. Este blog es un pequeño escaparate – aunque para mí es mucho más que eso, porque no lo veo únicamente como una parte de mi trabajo, va mucho más allá de eso – que me sirve para que posibles clientes vean cómo trabajo, cómo escribo o cómo gestiono las redes sociales. Tener un trabajo que para mucha gente es un hobbie, a veces te hará escuchar cosas que no te gustan, del tipo “¿Pero tú cobras por esto?”, “Desde luego, hay que ver cómo vives”, “¿Y cuándo vas a buscar un trabajo de verdad?”, “El pobre Fulanito trabaja muchísimas horas”… He aprendido a mirar a la gente que me plantea estas cuestiones a los ojos, asentir con la cabeza y pensar en otra cosa. Tratar de explicar a alguna gente que aunque mi trabajo me hace feliz, no deja de ser trabajo, es algo que he comprobado que no me aporta demasiado y que no hará que esas personas cambien de opinión.

Con este trabajo he aprendido muchas cosas, muchas más de las que podría haber imaginado en un principio: He aprendido a gestionar mi tiempo, a poner precio a mi trabajo, a organizar mi agenda, he aprendido a decir que no… y también que sí, he aprendido a no descontar horas en una jornada y a no mirar tanto el reloj. Ahora sé lo que supone disfrutar de un martes por la tarde libre  y lo que es trabajar un domingo hasta que se hace de noche. He comprendido que no todo el mundo tiene por qué entender el estilo de vida que has decidido vivir y he aprendido a relacionarme más con la gente. Esta profesión me ha enseñado a entender que en el trabajo también se puede reír e incluso bailar. He aprendido a reclamar lo que se me debe o a decepcionarme con proyectos que al final no han salido adelante. Este trabajo me ha enseñado (y me sigue enseñando cada día) mucho de mí misma  y sobre todo me ha enseñado a que, aunque sea lunes, el día esté gris y den lluvias durante toda la semana, me puedo levantar con una sonrisa.

Ser feliz en el trabajo es algo muy importante y no creo que solamente dependa de las funciones que desarrolles: El ambiente, los compañeros, un “gracias” o “buen trabajo”, la motivación por parte de los superiores o compartir café o descansos con alguien que te haga desconectar de tus responsabilidades en determinados momentos son algunas de las cosas que pueden hacer que trabajar no se convierta única y exclusivamente en una obligación. Todo el mundo tenemos derecho a ser felices en lo que nos ocupa la mayoría de nuestro tiempo de lunes a viernes (o sábados y domingos también, dependiendo del trabajo que tengamos), así que intenta que tu jornada sea siempre lo más llevadera posible, alejándote de compañeros tóxicos que se lamentan más tiempo del que realmente trabajan o tratando de llevar de la mejor manera posible a esos jefes que parece que han dejado de ser personas para convertirse en seres que se creen dioses (o más bien verdaderos demonios). Y sobre todo, MUY importante: Aprende también a desconectar, que ningún trabajo se merece que pienses en él 24 horas al día.

Hoy, que mi oficina se ha quedado sin internet durante toda la mañana, os animo a que luchéis por vuestros sueños, pero deberéis tener en cuenta que no es un camino fácil, que requiere mucho esfuerzo y empeño. La felicidad laboral se consigue a base de trabajo, no hay otro camino y por último, os aconsejo que os pongáis el mundo por montera, que la gente opine lo que quiera; lo importante es que vosotros os sintáis realizados y sí, ser feliz en el trabajo es posible. Créedme.

Porque todos tenemos derecho a estar tristes

 

Empieza Septiembre, nuevo curso escolar, y he decidido hacer algunos cambios en mi vida. Os adelanto que para mí éste está siendo un año triste de cojones. Es así, no os lo puedo expresar de otra manera; triste de cojones es la expresión que mejor define mi 2015. Aún así no pierdo la esperanza ni tiro la toalla, porque todavía le quedan unos meses y todo puede cambiar, que una cosa es estar triste y otra bien distinta ser negativa, y por el momento yo no he llegado a ese punto, a Dios gracias.

El primer cambio que he hecho en mi vida es cerrar mis redes sociales personales, manteniendo únicamente las de este blog y las que tengo abiertas por trabajo, porque una estará triste, pero tiene que comer y ese tipo de cosas. Ha sido una decisión meditada, y es que últimamente tenía la sensación de que todo el mundo parece mostrar su faceta más positiva en el mundo virtual y ha llegado un punto en el que todo me parecía demasiado irreal. No quiero decir con esto que me guste la gente que muestre una total y absoluta desgracia, nada que ver, pero siento que las redes sociales nos han empujado a querer parecer siempre felices o mostrar lo mejor de nosotros mismos, todo ello disfrazado con filtros que nos hacen parecer eternamente bellos y rodeados siempre de ambientes ideales. Cada vez que veía mi Instagram sentía que mi año no podía resumirse en esas imágenes, no mostraban una realidad de lo que están siendo estos meses para mí y yo no sirvo para eso, definitivamente. También veía las redes de personas que sé que están pasando un mal momento en su vida, pero lo que reflejan es una vida plagada de placeres. No logro entender porqué tenemos que privarnos del derecho a estar tristes. No logro entender porqué tenemos que vivir una felicidad virtual permanente. 

Bosque

El caso, que no me quiero liar – y esto anterior quiero dejar claro que es sólo una opinión personal que sé que no tod@s estaréis de acuerdo y lo respeto – es que este año dedicaré las redes sociales – Facebook y Twitter – para mostraros lo mejor de Malasaña siempre que me sienta con ganas. Os dije durante estos meses que estaba viviendo un proceso de reenamorarme del barrio y, aunque poco a poco vuelven esas cosquillitas en el estómago, todavía hay planes que no me apetece hacer y tened por seguro que no los haré únicamente para llenar de contenido el blog. Lo que haga y lo que publique será porque realmente sienta que merece la pena y me haga sonreír. Malasaña está siendo una buena terapia para encontrar momentos de felicidad que, aunque no suelen durar todo el día, me hacen olvidar las cosas negativas durante algunas horas. 

Y si hay algo que me hace sentirme motivada es retomar el canal de Youtube. Este año quiero hacer posts acompañados de vídeos, aunque todavía estoy en proceso de ver cómo los planteo, porque quiero hacerlos amenos y diferentes. Estoy recibiendo muchos consejos por vuestra parte y no os imagináis lo que lo agradezco. Vuestro apoyo es muy importante para mí, no os imagináis cuánto. 

Siempre os he dicho que a pesar de que me dedico profesionalmente al mundo de las redes, creo que para generar contenidos interesantes, hay que vivir la vida real y dejar a un lado la virtual. No creo que sea necesario mostrar cada momento de nuestro día, porque absolutamente NADIE tiene una vida tan sumamente interesante. Guárdate algunos momentos para tí y para los tuyos para hacer de ellos algo especial. Veréis lo bonito que es experimentarlo, parece que lo hemos olvidado.

escoger-un-camino

En mi cabeza tengo varios proyectos en marcha que me gustará contaros si van saliendo, nada que ver con el mundo blogger o virtual. Me alimenta el alma aunque sea sólo soñarlos. 

Como podéis comprobar, este es un post un tanto peculiar y diferente al que os tengo acostumbrados, pero me apetecía escribirlo y desahogarme, y además así podéis entender un poco más mi punto de vista sobre algunas cosas. No quiero decir con esto que las redes sociales no me hayan aportado muchas cosas positivas, porque gracias a ellas he conocido a gente maravillosa – de hecho gracias a este blog he conocido a gente que ahora considero amigos – y profesionalmente han sido un empujón brutal para mí. Sólo quiero aconsejaros que no tengáis miedo a estar tristes, como la felicidad son fases que van y vienen, que ni Facebook, ni Twitter ni Instagram os obliguen a sonreír siempre y que guardéis una parte de vosotros mismos únicamente para la gente que queréis. Yo he empezado a experimentarlo en estos últimos meses y os aseguro que puede ser maravilloso. Y a los que estáis tristes, que sepáis que tarde o temprano, acabará saliendo el sol. Que no os quepa ni la menor duda.

¡Feliz fin de semana! 

Las diez ventajas de trabajar en un coworking: mi experiencia personal

Para quienes seguís habitualmente mi blog, sabéis que desde hace unos meses he comenzado a trabajar en El Patio, donde colaboro en la coordinación y la comunicación del espacio y, además, soy coworker y desempeño el resto de trabajos que hago como freelance. Para mí, que ya me había acostumbrado a trabajar desde casa, ha supuesto un cambio radical en mi vida laboral y hoy os quería comentar – sobre todo para que lo podáis tener en cuenta aquellas personas que trabajáis desde casa o que estáis pensando en comenzar un proyecto personal – las ventajas de trabajar en un espacio común de trabajo. 

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

1. TE AYUDARÁ A MARCARTE UN HORARIO DE TRABAJO

Uno de los mayores problemas al que nos enfrentamos las personas que podemos desempeñar (parte) de nuestro trabajo desde casa, es la dificultad de establecer un horario de trabajo: Hacer las tareas domésticas, concertar citas, picotear entre horas o hacer pausas más largas de lo deseable, pueden hacer que tu jornada laboral se prolongue hasta la madrugada. Venir a trabajar a un coworking te ayudará a ponerte un horario de trabajo, organizar mucho mejor tus tiempos y saber desconectar los días de descanso que estipules. Gestionar tu tiempo es algo sumamente importante para sentirte bien contigo mism@. 

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

2. TE OBLIGARÁ A DESPRENDERTE DEL PIJAMA, VESTIRTE Y PISAR LA CALLE TODOS LOS DÍAS… ¡ALGO MUY NECESARIO PARA MANTENER LA CABEZA EN SU SITIO!

Yo soy de las que piensa que quedarse en casa encerrada durante días, por mucho trabajo que tengas, es totalmente insano, para la mente y para el cuerpo. Obligarte a ir a la oficina todos los días te ayudará a organizar tu tiempo y repartirlo entre trabajo, vida doméstica y ocio, cada cosa a su hora. ¡Deja el pijama para dormir, pónte ropa cómoda y vete a trabajar a un lugar en el que te sientas a gusto y en un entorno adecuado para desempeñar las tareas del día!

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

3. TE AYUDARÁ A RELACIONARTE CON GENTE, NO SÓLO PROFESIONALMENTE, SINO TAMBIÉN PARA DESCONECTAR EN LOS TIEMPOS DE DESCANSO

Trabajar desde casa puede darte la espantosa sensación de sentirte muy solo. Dicen que a lo largo del día es bueno que se hable al menos con seis personas diferentes, preferiblemente que no sean de tu entorno familiar o amigos, así que venir a trabajar a un espacio común, puede ser una buena solución; conseguir contactos para posibles trabajos o simplemente tomarte un café con alguien que te ayude a desconectar durante tu rato de “recreo” te sentará muy bien, ya lo verás.

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

4. DISPONDRÁS DE UN LUGAR AGRADABLE Y CONFORTABLE DONDE RECIBIR A TUS CLIENTES O POSIBLES VISITAS

Sin duda, recibir a un (posible) cliente en una oficina imprime más seriedad que recibirlo en el salón de tu casa; además, casi todos los coworkings cuentan con diferentes salas donde poder hacer una reunión en un espacio más íntimo. Aprovecha al máximo esta oportunidad para recibir a tus visitas como se merecen. 

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

5. ADEMÁS DE UTILIZARLO COMO OFICINA, PODRÁS APROVECHAR EL RESTO DE SUS ESTANCIAS PARA DESARROLLAR OTRO TIPO DE ACTIVIDADES

Un coworking es mucho más que una mesa en un espacio común de trabajo; por lo general, en las zonas comunes suele haber vida de otro tipo: Exposiciones, talleres, cursos… Puedes utilizarlos para desarrollar tus propias actividades o también para participar en las que se organicen. 

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

6. TENDRÁS UNA MESA DE TRABAJO QUE NO ESTARÁ DESTINADA A NINGUNA OTRA TAREA

Yo, que he trabajado desde casa, reconozco que en algún momento mi mesa de trabajo parecía más un cajón de sastre que otra cosa: En ella he llegado a poner desde una taza de té y los restos de algún tentempié, hasta la ropa pendiente de planchar… ¡Así no se puede! En un coworking, al compartir el espacio con más gente, te verás en la obligación de ser más ordenado, y lo creas o no, mantener un entorno limpio, te ayudará a organizar mucho mejor las ideas en tu cabeza.

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

7. NO TE ACOSTARÁS SIN SABER UNA COSA MÁS: RELACIONARTE CON GENTE DE DIFERENTES SECTORES TE ABRIRÁ LA MENTE Y TE AYUDARÁ A VER EL TRABAJO DESDE DIFERENTES PERSPECTIVAS

Ésta es una de las ventajas que yo veo más beneficiosas de los coworkings; trabajar desde casa hace muchas veces que el único punto de vista que veas sea el tuyo, pero trabajar con más gente – que en ocasiones puede haberse visto como freelance o autónomo en una situación similar a la tuya – te ayudará a plantearte las cosas desde otro ángulo. Yo cada día aprendo algo nuevo rodeada de gente con proyectos muy diferentes y en ocasiones me ayudan a capear el temporal laboral en el que me encuentro o sencillamente tratan de aconsejarme lo que debo de hacer. Y es que a veces, compartir los problemas con gente que puede entenderte y ponerse en tu lugar, es una de las mejores soluciones. 

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

8. TE AYUDARÁ A ENTERARTE DE EVENTOS, TALLERES, CURSOS O EXPOSICIONES QUE PUEDEN SER DE TU INTERÉS (PERSONAL O PROFESIONAL)

Salvo raras excepciones, en los coworkings conocerás a gente con proyectos muy variados y que no siempre tienen que ver con el sector en el que tú trabajas; ésto va a suponer que seguramente se desarrollen actividades de todo tipo y, aunque habrá algunas que no te influyan en tu vida profesional, pueden ayudarte a llenar tu alma, como exposiciones, presentaciones, talleres literarios o pop ups. ¡Aprovéchate de ello al máximo, que además es una manera estupenda de desconectar y disfrutar de tu tiempo de ocio sintiéndote como en casa!

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

9. AHORA QUE YA ESTÁS EN UNA OFICINA, DEJARÁS DE ESCUCHAR FRASES DEL TIPO “¡HAY QUE VER QUÉ BIEN VIVES!

Nadie sabe mejor que un freelance que trabaja desde casa lo incómodo y la impotencia que genera que te digan frases de este estilo. Si bien es cierto que en mi caso personal yo aprovecho mucho mejor el tiempo ahora que estoy en un coworking – creo que me organizo mejor y respeto más mi tiempo libre para hacer otro tipo de actividades – reconozco que, aunque mucha gente así lo crea, trabajar desde casa – aunque sea en pijama y con mayor libertad horaria – no es tarea fácil; necesitas mucha disciplina y fuerza de voluntad y de verdad os digo que aunque no tengas una hora de entrada y de salida, la gente debe comprender que no siempre estás disponible para hacer cualquier  otro tipo de cosas.

El tener una hora de entrada y de salida en el trabajo te va a suponer que la gente no te moleste en cualquier momento del día y comprendan que, por muy freelance que seas, tú también estás ocupad@. 

Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/
Fotografía: http://elpatiodelapierna.net/

10. TE HARÁ SENTIRTE UNA PERSONA MUCHO MÁS PRODUCTIVA, EN TODOS LOS SENTIDOS

Una de las cosas más importantes es saber organizar tu agenda, de esa manera te sentirás satisfecho y disfrutarás el doble de tu tiempo libre. No siempre la cantidad de horas que se trabajan va vinculado a la productividad, así que organízate, intenta realizar tus tareas durante el tiempo que pases en el coworking y desconectar en cuanto salgas por la puerta. Aprender a disfrutar del tiempo libre y desconectar del trabajo es uno de los secretos de la felicidad. 

Mi top ten de cosas que me motivan en Malasaña (y otras no tanto)

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

Hace un tiempo os conté que quería escribir un post hablando de las cosas que me motivan – y otras no tanto – de Malasaña. Como bien sabéis los que me seguís habitualmente, este año he sufrido un “ligero” desenamoramiento temporal del barrio, y es que a veces hacer prácticamente el 100% de tu vida, tanto personal como laboral en sus calles, puede llegar a saturarte hasta el extremo. He querido dejar este post para ahora, que en mi cabeza ya está rondando el volver a mudarme al centro, porque no quería escribir algo demasiado pesimista; yo adoro este barrio, con sus pros y sus contras, y siempre lo comparo a una pareja de mucho tiempo, que hay días que te despiertas realmente enamorada de ella y otros en cambio, necesitas perderla de vista. Bueno, así soy yo con las parejas, quizás ustedes gocen de algo más de paciencia… Así que aquí van las diez cosas que me motivan de Malasaña, con sus pros y sus contras… ¡Empezamos! 

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

1. MALASAÑA DA VIDA… Y OTRAS VECES TE RESTA CALIDAD DE VIDA

Yo soy de una ciudad de provincias, preciosa y pequeñita, donde no estamos habituados a ver vida por las calles las 24 horas del día; en mi ciudad los domingos son para estar en casa – aunque eso está cambiando poco a poco – y por eso cuando puse por primera vez un pie en Malasaña, supe que tenía que vivir aquí por lo menos unos cuantos años: Calles llenas de gente, oferta gastronómica con terracitas incluso en los meses más fríos, pequeños comercios, actividades a pie de calle, ocio de lunes a domingo… ¡Así da gusto! Pero querid@s, el problema de toda esta actividad frenética que no para llega cuando vives en una de las calles más transitadas del barrio y cae la noche… Silencio, bendito silencio… ¡No sabes lo que se te puede llegar a echar de menos! Y es que si el ruido de la gente, los gritos de exaltación de la amistad y las canciones típicas de las salidas nocturnas no te permiten dormir, a la mañana siguiente te resultará harto difícil disfrutar de todo lo mencionado en las primeras líneas. Os lo digo por experiencia. Si venís a vivir al barrio, buscad una calle poco transitada, seréis mucho más felices. 

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

2. MALASAÑA ES UN PUEBLO EN MEDIO DE UNA GRAN CIUDAD, CON SUS PROS Y SUS CONTRAS

Vivir en Malasaña te producirá una sensación muy extraña: Te parecerá que vives en una pequeña ciudad en la que dispones de todo, pero en apenas unos pasos, estarás en Fuencarral y Gran Vía, dos de las calles comerciales más conocidas de la capital. Me encanta la sensación de poder salir con tu carrito de la compra e ir a buscar cada producto a un negocio diferente: La carnicería, la pollería, la frutería, la pescadería, una paradita técnica para tomar el cafelito… Pero como en todo pueblo, deberás ser fiel a cada uno de los negocios o si no comenzarán las malas caras…. ¡Qué le voy a hacer si no puedo seguir pagando un mango a 4 €! Tendré que cambiar de frutería, lo siento… ¿Quieres que me arrodille? Porque esto es así, hay negocios que cuando creen tener el monopolio o saben que venden el mejor producto del barrio, en lugar de parecerte que estás en un pueblo, creerás estar en pleno centro de Nueva York. 

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

3. MALASAÑA RESPIRA, A VECES A PASOS AGIGANTADOS (Y ACELERADOS)

Siempre que hablo con gente que venimos de ciudades más pequeñas, coincidimos en decir que una de las cosas que más nos estresa de Madrid es el metro; yo no sé qué les pasa a los madrileños, pero sea lunes a las ocho de la mañana y tengan que ir a trabajar o sábado a las cinco de la tarde y vayan a dar un paseo en barca al Retiro, SIEMPRE, SIEMPRE, parece que tienen prisa. Y cuando llevas años viviendo en Madrid, te conviertes en uno de ellos y haces exactamente lo mismo: Correr de una línea a otra como si no hubiera un mañana es el pan nuestro de cada día, es imposible no caer en ello. Bueno, pues eso podemos trasladarlo a muchos ámbitos, y en Malasaña este tipo de cosas suceden por ejemplo con los negocios: Si no te das prisa en ir a visitarlos, puede que cuando vayas, hayan cerrado y en su lugar te encuentres un Carrefour Express. Inspirar, espirar, inspirar, espirar… 

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

4. MALASAÑA ES TENDENCIA, LLEGANDO A VECES AL EXTREMO DE LA SATURACIÓN Y LA RIDICULEZ

“Malasaña está lleno de modernos”… ¿Cuántas veces lo habéis escuchado? Y sí, es cierto, no cabe duda de que por lo general, los vecinos de este barrio son muy coquetos y se preocupan por la estética – sí, sí, incluso el que parece recién levantado, que no os engañen. Mentiría si os digo que yo no me dejo influir por lo que lleva la gente puesto o lo que veo en los escaparates y es que, tratando siempre de ser fiel a mi estilo, me influyen las tendencias como a (casi) todo hijo de vecino. Quien diga que no, miente. Pero os diré una cosa – que seguramente no le sorprenderá a los que viven aquí – he llegado a ver cosas que rayan la estupidez: Mes de diciembre, 22 horas, menos 2 grados, un tipo en bermudas, calcetines blancos hasta la rodilla y chanclas de ducha… Querido, tú no creas tendencia, tú tienes un problema… Y como éste, mil ejemplos. Algunos deberían aprender que a veces los límites no están para saltárselos, especialmente cuando dejas de ir vestido para ir disfrazado.

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

5. LOS NEGOCIOS EN MALASAÑA SON ORIGINALES Y ESPECIALES, PERO CUANDO ALGO GUSTA… ¡TODOS A UNA! 

Cuando en medio de una ciudad encuentras un local decorado con muebles vintage, te paras a mirarlo – e incluso a tomar algo – porque te resulta curioso; cuando una pastelería vende pasteles o magdalenas llenos de color y rellenos deliciosos, no te importa rascarte un poco más el bolsillo y probarlo; cuando una tienda vende ropa estampada de esa que se ponía tu madre cuando era joven, entras e incluso te atreves a llevarte alguna prenda que te ayude a verte diferente al resto. Pero… ¿Y si tu calle se llenase de bares decorados con muebles que te recuerdan a la casita del pueblo de tu abuela, de negocios que te clavan por una porción de tarta lo mismo que pagarías en el supermercado por todos los productos y te la pudieses hacer tú en casa o de tiendas que traen hawaianas como churros? En Malasaña sobran sitios hipercuquis y faltan sitios que te pongan una caña con un pincho de tortilla y cacahuetes… ¡Tapas de toda la vida, señores! ¡Eso es lo que queremos! 

¡Y ojo! A mí me encantan ese tipo de negocios, los frecuento muchos días, pero me parece surrealista que sea más sencillo encontrar combos de sushi que un pepito de ternera… ¡Y no saben cuánto lo echo de menos! 

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

6. EN MALASAÑA TODO ESTÁ PERMITIDO… ¿ESO ES SIEMPRE BUENO?

A mí personalmente no me importa que la gente beba en la Plaza Dos de Mayo una lata de cerveza al caer la noche, de hecho reconozco que alguna vez lo he hecho y que se está la mar de bien – a veces incluso mejor que sentada en una terraza; tampoco me molesta – es más, me encanta – que la gente cuando redecora su casa baje los muebles a la calle para tratar que alguien le de una segunda vida. Son cosas que pasan en Malasaña de manera habitual y no le vería ningún pero si no fuese porque en ocasiones, la gente es muy guarra: Si bebes en la Plaza, no dejes la lata tirada en el suelo al marcharte y mucho menos mees contra la fachada de un edificio; si te quieres deshacer de muebles que están destrozados o colchones que tienen más manchas que un dálmata, avisa a los servicios de recogida: NADIE los va a reutilizar porque dan asco. 

No sé cuál es la solución a este tipo de problemas, pero de verdad os digo que a veces despertarse en este barrio y bajar a pasear a tu perrito tan tranquilamente de buena mañana es peor que una ginkana. Lo que se llega a ver por las calles a las nueve de la mañana de un sábado sólo los sabemos los que somos vecinos de este barrio, que vamos saltando obstáculos pasito tras pasito… No sé si las multas son la mejor medida, pero desde luego está claro que falta mucho civismo por parte de algunos y, lamentablemente, nos afecta a tod@s. 

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

7. HACER VIDA EN EL BARRIO ES MARAVILLOSO, PERO RECUERDA… ¡HAY VIDA MÁS ALLÁ DE SUS FRONTERAS!

Vale que Malasaña tiene (casi) de todo y es muy divertido, pero os recuerdo que cerca tenemos otros tantos barrios madrileños maravillosos que os ayudarán a desconectar y a ver la vida desde un prisma distinto (y muy necesario). Vivir, trabajar y disfrutar del ocio y del tiempo libre en el barrio, puede llegar a saturar, así que ya sabes, organiza tu agenda semanal y propónte descubrir otros rincones de la capital que te ayudarán, no sólo a desconectar, sino también a abrir tu mente. 

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

8. SI VIENES A DISFRUTAR DE MALASAÑA, SIEMPRE SERÁS BIENVENIDO, PERO ESO SÍ… ¡RESPETA!

Quienes vivimos en Malasaña está claro que estamos habituados – y en el fondo nos encanta – tener gente alrededor, si no nos iríamos a vivir a otro barrio más tranquilo y listo. Lo que nos gusta es salir a la calle y escuchar risas, bullicio, ver movimiento, en definitiva. Pero eso sí, también nos gusta el silencio – sobre todo cuando al día siguiente te tienes que levantar temprano para ir a trabajar – así que aunque entendemos que vivimos en una zona que no descansa durante las 24 horas del día, agradecemos una infinidad que la gente respete el descanso y la limpieza. Un favor sencillo, ¿Verdad?

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

9. MALASAÑA ES COMO LAS RELACIONES, A VECES QUERRÁS NO SEPARARTE NUNCA DE ELLA Y OTRAS EN CAMBIO DESEAS PERDERLA DE VISTA

¿Nunca habéis tenido una relación de la que estáis profundamente enamorad@s, pero que hay momentos – cuando se va de viaje o sale con sus amig@s – que os sentís tremendamente a gusto sol@s en casa? Pues eso es precisamente lo que nos pasa con Malasaña a los que somos vecinos del barrio. A mi personalmente me encanta la vida aquí, pero cuando he comprado un billete para irme el fin de semana a mi ciudad, desde el lunes estoy deseando que sea viernes y pasar unos días en un lugar tranquilo, en el que poder recorrer las calles caminando sin hacer uso del metro, bajar con 20 € y que te lleguen para ir a cenar y tomar unos vinos, cruzarte con gente que conoces de toda la vida… Pero de pronto, el domingo cuando coges el tren de vuelta a Madrid, tienes la sensación agradable de volver a ver ese “barrio-novi@” y hasta llega a importarte tres rábanos que una hamburguesa pueda llegar a costarte 12 €… ¡Ya puedes volver a abrazarla! Eso es amor, querid@s, amor del bueno…

Malasaña. Fotografía: www.cuandosonries.com
Malasaña. Fotografía: http://www.cuandosonries.com

10. MALASAÑA ES EL MEJOR BARRIO DE MADRID… ¡Y QUE ASÍ SIGA SIENDO! 

A mí sinceramente me da igual que la gente diga que este barrio fue mejor en épocas pasadas, que ha perdido su esencia y que ahora sólo hay hipsters, cupcakes y cervezas artesanales. Yo lo he conocido hace algo más de tres años y he de decir que estoy casi segura de que con el tiempo – quizás cuando pasen unas cuantas décadas – y volvamos aquí con el pelo canoso y un bastón en la mano, diremos que vivir en Malasaña fue una de las mejores experiencias de nuestra vida. Para mí es el mejor barrio de Madrid, me da vida – aunque a veces me la quite – y sí, me estoy reenamorando poco a poco de él, porque como las relaciones largas, nosotros dos también hemos tenido nuestros baches y crisis. Pero yo amo Malasaña, no lo puedo evitar…