¿TE ANIMAS A DEMOSTRAR EL MALASAÑA QUE QUEREMOS?

Últimamente estoy un poco triste. Antes, cuando hacía búsquedas sobre Malasaña, solía encontrar artículos que invitaban a visitar el barrio, pero desde hace ya un tiempo – más largo del que habría deseado – suelo leer, tanto en prensa escrita como en las redes sociales, muchas críticas sobre el cambio que está sufriendo: cierre de locales emblemáticos, precios y alquileres imposibles, etcétera. Me apena que esto suceda, pero sobre todo, me apena que gran parte de los artículos y comentarios que leo siento que se acercan demasiado a una realidad que no me gusta y con los que estoy prácticamente al 100% de acuerdo.

Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol

Gracias a este pequeño rincón virtual, recibo cada semana muchas de las iniciativas que los negocios de Malasaña llevan a cabo para tratar de mostrar el lado más bonito del barrio a vecinos y a visitantes y eso lo que trato de mostrar en este blog. Confieso que desde hace un tiempo he abierto la veda a otras zonas de Madrid, porque esto no deja de ser para mí un pequeño diario en el que os hablo de las cosas que me atraen y últimamente gran parte de mi tiempo libre lo paso fuera de las fronteras malasañeras.

Ayer, por ejemplo, estuve viendo las tres exposiciones que estaban abiertas al público en el Círculo de Bellas Artes y pensé en lo afortunadas que somos las personas que vivimos en Madrid y lo poco que en ocasiones lo aprovechamos. Tenemos mil y una opciones de ocio que disfrutar y dejamos pasar: conciertos, exposiciones, obras teatrales, ciclos de cine, ferias, talleres, etcétera. Es imposible no encontrar una actividad que se adapte a tu edad, tus gustos y tu disponibilidad.

Malasaña. Fotografía: Esto es Malasaña, Adriana Alcol

No cabe ni la menor duda de que Malasaña está sufriendo muchos cambios que no nos gustan a (casi) nadie. Han convertido un barrio que era un pequeño pueblo dentro de una gran ciudad, en un lugar prácticamente prohibitivo para (sobre)vivir. Por desgracia, además de conocer las iniciativas bonitas que se llevan a cabo, también escucho los testimonios de muchas personas que están sufriendo mucho para poder sacar adelante proyectos en los que creen, porque cada vez existen más trabas para los pequeños comercios que  tratan de hacer del centro de Madrid una zona comercial que no resulte exclusiva de las grandes multinacionales. 

Pero, ¿sabéis qué? Yo no he tirado la toalla con Malasaña: es un barrio vivo en el que además de poder disfrutar de una amplia oferta hostelera desde la hora del desayuno hasta la hora de la cena, de un ocio nocturno que sin duda sigue atrayendo a multitud de personas (más a los que viven fuera que a los vecinos, no nos vamos a engañar), de negocios originales que apuestan por el diseño independiente o de paseos por (algunas) calles secretas en las que parece que el tiempo se haya detenido, tiene algo que perdura década tras década: Malasaña intenta seguir promoviendo la cultura en sus diferentes facetas.

Teatro Lara, Malasaña

¿Te has propuesto recorrer el barrio y fijarte en la de teatros que tenemos? Tendría que ser delito que al menos una vez al mes no fuésemos a una sala, grande o pequeña, a disfrutar de alguna función. El teatro es pura magia, algo que en otras muchas ciudades extrañan y que nosotros parece que no apreciamos como se merece. Cada barrio del centro de Madrid cuenta con salas que narran historias; el teatro te llena el alma y te ayuda a desconectar de la realidad casi como nada lo consigue a día de hoy. Es una válvula de escape que todos deberíamos aprender a valorar. Piensa, ¿cuándo fue la última vez que fuiste al teatro?

¿Por qué no dejas Spotify a un lado y disfrutas de música en directo? Malasaña también cuenta con salas que organizan conciertos: música en vivo con la que bailar y corear las letras que te sabes. Si descubrir a una banda en alguna plataforma online es maravilloso, no te quiero ni contar si la escuchas en una sala. Eso se sumará a tu banco de recuerdos, de esos que esperas no olvidar jamás. 

Ciento Volando, una librería en Malasaña.

¿Qué me decís de las librerías? Me encanta cuando paso por delante y veo que todas las semanas presentan libros u organizan talleres para enseñarnos a escribir, o clubes de lectura que nos invitan a llevar siempre un libro en el bolso. Me gusta cuando un escritor da una charla o se recitan poemas que salen del alma. Y aquí, además, hay librerías en las que te puedes tomar un vino mientras lees. Dime, ¿hay algo que inspire más paz y más tranquilidad?

Y las exposiciones, ¿os habéis fijado todas las que se proponen en el barrio? Además de contar con galerías de arte, muchos establecimientos apuestan por tener en sus paredes o en sus vitrinas pinturas, ilutraciones, fotografías o esculturas. Atrévete a descubrir artistas nuevos y si tienes la posibilidad de ahorrar un poquito, verás el placer que supone poder comprarte alguna pieza. El arte ya no es solo apto para millonarios y verás cómo invertir en esa ilustración que te gusta, satisface mucho más que comprarte ropa de temporada. En Malasaña hay galerías que ya en sí son verdaderas obras de arte por su arquitectura, así que si vives aquí o si  vas a venir unos días, no dejes de visitar alguna que llame tu atención. En mi opinión, las exposiciones fomentan la inquietud de saber más y esa es una de las sensaciones más maravillosas que existen.   

Una (gran) parte de Malasaña quiere seguir siendo un barrio que pretende diferenciarse  de otras zonas que se han convertido en auténticos centros comerciales sin alma, pero para ello debe contar con nuestro apoyo. ¿De qué sirve poner un emoticono triste en una red social cada vez que algún medio anuncia el cierre de algún local emblemático si jamás lo pisamos? ¿De qué vale decir que este barrio cada vez es menos auténtico si en lugar de tomarnos una tapa en un bar de toda la vida nos vamos a esa franquicia que te vende dos hamburguesas de cuestionable calidad por una y además, te regala las patatas?

Esto es Malasaña. Fotografía: Adriana Alcol

Los barrios los hacen las personas que los visitan, los vecinos, los propietarios de los locales, lo cuidado que lo tengamos entre todos, por lo que apostemos, y yo me niego a creer que Malasaña es, sin más, una zona del centro de Madrid con una amplia oferta de apartamentos vacacionales y comida rápida. Si dejamos que esto suceda, Malasaña se irá a la mierda en menos de lo que canta un gallo. Durante muchos años ha sido un barrio que ha tratado de diferenciarse del resto a través de su originalidad y su amplia oferta de ocio, ¿estamos dispuestos a perderlo?. 

No lo echemos por la borda y apostemos por el Malasaña que realmente queremos, ese que nos atrajo por su autenticidad, originalidad y oferta cuando aterrizamos en él. Si quieres que sobreviva, que se mantengan los negocios de siempre y que convivan con los que llegan cada año para seguir dando vida al barrio, entonces compra en el pequeño comercio; saca entradas para ir al teatro, a un concierto o a una sala de cine, visita las exposiciones que llegan a las galerías, entra en las librerías, escucha la presentación de un libro, cómpratelo y deja que te lo firme el propio escritor.

Saquemos jugo a todas las propuestas que llegan y no nos lamentemos cuando ya sea demasiado tarde. Que los negocios sigan apostando por nuestras calles o que la oferta cultural siga creyendo que Malasaña merece la pena, depende en gran medida de nosotros. ¿Te animas a demostrar el Malasaña que queremos?

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LO QUE TE PIDO PARA EL 2017, MALASAÑA

Malasaña, Calle del Pez.
Calle del Pez (Malasaña)

¿Hace cuánto tiempo que nos conocemos, Malasaña? Todavía recuerdo la primera vez que te vi, con los días contados para encontrar piso en Madrid. Llegué a la Plaza de San Ildefonso por la Calle Colón y ahí estabas, llena de gente sentada en las terrazas, en el suelo y con música en directo. Creo que jamás una caña me supo mejor. “Si tengo que vivir en esta ciudad, quiero que sea aquí”. Reconozco que en un principio la idea de mudarme no me hizo ni pizca de gracia, pero tú, con tus calles, tu gente, tu alegría y tu color, me hiciste pensar que quizás no sería del todo malo.

Y en otra Plaza, en la de Juan Pujol, decidimos que ese último piso que habíamos visto, sería perfecto para empezar una nueva vida. Vale, necesitaba una – siendo optimistas – mano de pintura, algo de limpieza y darle ese toque personal hasta convertirlo en un hogar, pero entraba luz, una luz maravillosa que hacía que los geranios que nos había dejado la antigua inquilina en el balcón, me hiciesen sentirme como en casa – lejos del mar – pero en casa.

Y celebramos nuestra primera noche, como no, en otra plaza, esta vez en la Dos de Mayo, y aunque la morriña invadía todo mi ser, supe que aquí iba a ser feliz.

Me enamoré de ti en mis primeros paseos por las mañanas, cuando me quedaba sola y todas las calles me parecían idénticas, pero con mucho encanto, y decidí que escribiría sobre ti, sobre los rincones que iba descubriendo poco a poco. Me gustaba ir con mi cámara y fotografiar escaparates, cartelería, detalles que encontraba por sorpresa y así fue como surgió este blog, este diario de una coruñesa que os recomienda sus rincones y planes favoritos.

La nuestra es una relación larga y como en todo amor, ha pasado por sus más y sus menos; hay épocas en las que sólo me apetece estar contigo, otras en las que miro a otros y me tientan – hay demasiados lugares bonitos en la capital – y sí, he sido infiel, con otras ciudades, con otros barrios y con otras propuestas que se llevan a cabo fuera de tus fronteras. Reconozco también que ha habido épocas en las que me has desenamorado, porque aunque quizás no hayas sido tú la culpable, se han empeñado en endiosarte, en convertirte en la chica popular de la ciudad, en tener a demasiadas personas por tus calles piropeándote, y puede que sea esa la cara que menos me gusta de ti.

Me gusta cuando paseamos casi solas de la mano, un día entre semana a las ocho de la mañana, cuando todavía deambulan por tus calles las almas nocturnas y trasnochadas, cuando te acaban de limpiar, después de una noche en la que te han arrebatado tus mejores galas y suplicas una ducha, cuando es demasiado temprano para que la gente se rife un hueco en una de tus terrazas al sol, cuando todavía huele a repostería recién hecha y los vendedores están levantando sus cierres para recibir a los visitantes un día más; me gustas cuando la vendedora de la esquina me saluda por mi nombre o me dice que ha recibido el encargo que le pedí el día anterior. Tú, Malasaña, me gustas cuando eres pueblo, no cuando intentan convertirte en una it girl madrileña. Ojalá no permitas que eso pase, porque aunque me gusta que evoluciones, no soportaría ver que terminas perdiendo esa esencia que me enamoró.

A este año le pido que pases un poco de moda, que te permitan ser quien eres, sin tantos flashes ni alfombras rojas, que sigamos haciendo amigos, pero de esos que te cuidan y te valoran, no que te dañan y te estropean, y sobre todo, le pido que nos sigamos mirando como el primer día, que cuando pasemos una crisis sepamos recordar todo lo bueno que nos hemos dado la una a la otra desde el principio y por último, te pido que cada vez que ponga un pie en tus calles, me sigas haciendo sentirme como en casa.

¿Crees que seremos capaces entre las dos? Si me dices que sí, este año te pido que te cases conmigo.