SOBRE EL AMOR Y LAS SEGUNDAS OPORTUNIDADES

No sé cuántos de vosotros habréis pasado por una ruptura sentimental, posiblemente muchos de los que ahora estáis leyendo este artículo. Ahora pensad, ¿recordáis la primera vez que  sentisteis que el corazón se os rompía en mil pedazos? Yo recuerdo esa sensación como un dolor en el pecho inexplicable y una angustia tan grande que cada vez que cerraba los ojos era como caer en un pozo oscuro sin fondo. Si lo pienso con perspectiva, debo decir que hasta me da una mezcla entre risa y ternura, porque yo era una adolescente y en aquel momento creía que jamás podría volver a querer a alguien y que mi vida ya no tendría ningún sentido. Pero todo pasó, y aunque llené diarios con su nombre, luego llegaron otros amores que también marcaron mi vida, aunque no de la misma manera. Y es que al amor adolescente yo le guardo el mayor de los respetos, porque pocas relaciones a lo largo de los años vuelven a resultar tan puras y tan transparentes y precisamente por eso, duelen tanto cuando terminan.

El tiempo, la edad y posiblemente las experiencias que he vivido, me han hecho variar mucho el concepto del amor y aunque soy de las que sigue creyendo en el “amor romántico” (por muy poco feminista que pueda sonar), también creo que eso es solo una fase en una relación y que a la larga hay cosas que resultan mucho más importantes. Coincidir con la persona adecuada, es tremendamente complicado, pero si a eso le añades coincidir en el momento adecuado, os lo aseguro, es el premio gordo de la lotería.

Durante mucho tiempo, basándome en la relaciones a las que mi entorno me tenía acostumbrada, creí que en el amor, una vez te comprometías, era para siempre y que si una relación no superaba los baches u obstáculos que le ponía la vida y decidía poner punto y final a su historia, ya no había marcha atrás. Es curioso, porque mi cabeza llegó a pensar que el amor era el único aspecto de la vida en el que jamás debían existir las segundas  oportunidades: puedes perdonar a un amigo si te falla y que todo vuelva a ser como siempre, puedes reincorporarte a un trabajo por segunda vez si te ofrecen un nuevo contrato, puedes intentar volver a montar en bicicleta aunque la primera vez te hayas caído, pero en el amor, si algo falla, borrón y cuenta nueva, porque segundas partes nunca fueron buenas.

No seré yo quien diga que dar segundas oportunidades en el amor es tarea sencilla, pero sí que creo en ellas e incluso podría deciros que darse un tiempo, en ocasiones, es sano e incluso la mejor opción. Lo que debes tener en cuenta cuando retomas una relación es que posiblemente tu concepto sobre el amor ya no sea el mismo que la primera vez. Cuando rompes con alguien, tienes mucho tiempo para reflexionar, para recapacitar sobre los fallos – porque una ruptura siempre es cosa de dos, aunque a veces resulte más sencillo culpar solo a la otra parte – e incluso si seguís manteniendo una relación civilizada, sirve para mantener conversaciones en las que la sinceridad es el ingrediente principal (y aunque a veces duelan, suelen ser muy sanadoras).

Retomar una relación es complicado y requiere mucho trabajo, posiblemente más que la primera vez, y no, no es como partir de cero, no es una hoja en blanco ni un “lo olvidamos todo”. Una segunda oportunidad, aunque la cojas con todas las ganas del mundo, conlleva un peso a tus espaldas, unas experiencias vividas que no puedes eliminar de tu mente por arte de birlibirloque. Si quieres que funcione, tendrás que aprender la dura tarea de pasar página sabiendo todo lo que sabes y teniendo en cuenta que esa sensación de mariposas en el estómago posiblemente no vuelva a aparecer (lamento deciros que eso solo sucede en las primeras veces). Las segundas oportunidades, en mi opinión, suelen ser mucho más realistas, más honestas y más racionales y eso, aunque para algunos pueda resultar menos romántico, a mí me parece muy bonito.

Con la edad he aprendido algunas cosas: me sigo emocionando cuando voy por la calle y veo a un matrimonio mayor que pasea de la mano tras más de cincuenta años casados, o cuando veo instantes románticos entre una pareja que lleva mucho tiempo juntos, pero igual de emocionante me resulta  asumir que el amor tiene sus fases y que a veces, es mejor darse un tiempo, no hacerse daño y volver a encontrarse en el camino, si esa es una decisión meditada por ambas partes.

Creo que lo más importante en estos casos es no obligarte a nada, ni sentirte culpable si las cosas no salen como tú esperabas. A veces, las segundas oportunidades tienen un “final feliz” en el que ese momento de separación se convierte en un instante pequeño dentro de una vida entera, y otras veces no funcionan y sirven para darse cuenta sin arrepentirse de no haberlo intentado. Pero no te dejes llevar por opiniones ajenas, por el qué dirán  o forzarte a sentirte bien con alguien si no es así para evitar pasar de nuevo por el momento de la ruptura. Separarse de alguien es doloroso, un peaje que hay que pasar cuando algo se termina, pero nadie se muere de (des)amor, eso es lo único que tengo claro.

El amor tiene muchas formas y muchas maneras de vivirlo. Nadie puede decidir la manera en la que tú lo debes vivir, pero eso sí, el amor más importante y en el que nunca debes de fallar es en el de querete a ti mismo, porque sin él, es tela de difícil ser feliz. Lo demás, ya lo irá diciendo la vida.

Y tú, ¿eres de los que opina que segundas partes nunca fueron buenas o crees que pueden superar incluso a la primera parte?

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