MI VIDA SIN REDES SOCIALES (I)

El día 27 de diciembre de 2018 comencé a vivir sin redes sociales personales. Trabajo como community manager y el mundo virtual ocupaba demasiado tiempo de mi día, así que prescindir de ellas como entretenimiento puedo deciros que, al menos hasta el momento, es la mejor decisión que he tomado en mucho tiempo.

Cuando me abrí este blog (año 2012) publicaba tres o cuatro posts de manera semanal, así que poco a poco empezó a tener un buen nivel de audiencia y las agencias de comunicación y alguna que otra marca comenzaron a enviarme invitaciones de prensa para eventos, preestrenos, etcétera. Al principio trataba de acudir a todo lo que me proponían y escribir una pequeña reseña, pero con el tiempo pasé a ser un poco más selectiva hasta que en 2018 apenas he acudido a ningún sarao, lo que implica que en este último año he ido recibiendo cada vez menos invitaciones y notas de prensa. Durante estos años mi vida y mis gustos han cambiado, ya no me interesan las mismas cosas y además tengo la suerte de que “Esto es Malasaña” jamás ha dejado de ser un hobbie (aunque alguna que otra vez me haya reportado alguna ganancia con posts patrocinados), por lo que nunca he sentido la presión de tener que escribir sobre algo que no quiero o en lo que no creo. ¿Que si esto ha afectado a mi audiencia? Por supuesto que sí, pero no voy a escribir sobre restaurantes o bares de moda si no acudo a ellos o  a hablaros de marcas que me ayudarían a posicionarme muy bien si no estoy de acuerdo con su filosofía o no me interesan los eventos que organizan, por muy instagrameables que sean.

Ahora que vivo sin redes sociales os diré que no he notado gran diferencia en la recepción de mails: las agencias de comunicación que me escribían habitualmente lo siguen haciendo (aunque por el momento no he recibido ninguna información que encaje con este blog y por ello no lo he publicado) y tal vez sí podría decir que han descendido los mails de pequeños comercios – la gran mayoría de ellos llegaban a mí a través de Facebook – pero de todas maneras algunos me han escrito a mi correo electrónico (estoesmalasana@gmail.com) y tengo varias visitas pendientes a locales que si me gustan, os hablaré de ellos en próximos artículos. Mi conclusión sobre este aspecto es que si el contenido de este blog gusta, no resulta complicado contactarme y aunque habrá marcas o negocios que dejen de escribirme porque lo que quieren es difusión en redes sociales, habrá quien valore el contenido de calidad en un blog que está bien posicionado en Google.

Y respecto a la vida fuera del ámbito profesional, me he dado cuenta de la cantidad de tiempo que perdía viendo las redes de personas que ni tan siquiera conozco. ¿Cómo es posible que nos cansemos tanto leyendo un libro y en cambio seamos capaces de engancharnos durante horas a plataformas que nos muestran vidas irreales cada vez más plagadas de publicidad encubierta? Os diré que desde que vivo sin redes sociales trabajo más centrada, mi tiempo libre parece que se ha duplicado porque me da tiempo a hacer más cosas, me concentro más cuando leo, veo una película o un documental y no rebusco el móvil en el bolso con tanta frecuencia e incluso lo dejo en la habitación mientras ceno o cuando voy a dar un paseo sin tener esa sensación de ansiedad por saber si alguien me ha escrito: las redes sociales siempre pueden esperar, por mucho que nos intenten hacer creer lo contrario.

No creo que las redes sociales sean malas, pero lo que sí que creo es que han llegado pisando tan fuerte que no hemos tenido tiempo a educarnos en su buen uso y caray, qué mal lo hacemos. Podría escribir un post interminable acerca de todo lo que he podido reflexionar sobre este tema estos días, pero me parece más interesante hacer una actualización cada mes para ver los cambios poco a poco. Como en el artículo anterior en el que os contaba que dejaría las redes sociales en 2019, me gustaría que me comentaseis vuestra visión, aunque dejar comentarios en un blog dicen que está demodé, a mí me sigue encantando recibirlos y ahora mismo es la manera que tengo de interactuar con vosotros.

¡Nos vemos por el mundo real!

RESEÑA “PERDIDO ENTRE EL FUEGO”

PERDIDO ENTRE EL FUEGO

Autor: Andrés de Mingo (Madrid, 1983)

Editorial: Café Literario Editores

Tapa blanda con solapa, 119 páginas

En un olvidado lugar de paso, perdido justo en medio de ninguna parte nos encontramos un escenario tan patético como real y unos personajes construidos con los tópicos hilvanados por la novela más oscura de Ramón J. Sender y Miguel Delibes.

La vida de Arturo Virgil hace aguas. Cada vez más viejo, más gordo, más calvo, cuesta abajo en una soledad destructiva en la que ha perdido a su mujer Irene. Sin tan siquiera intentar superarlo, subsiste en una miserable vida entre la dejadez y el abandono. Una existencia gris que se ve alterada por la muerte de su hermanastro, lo que le lleva a emprender un viaje que se convierte en una pesadilla de la España profunda. Una España negra de canícula y siesta, de verano con verbena de pueblo y regusto a rancio. Una versión revisada de todos los tópicos castizos que acaban mal, un Puerto Hurraco con sabor a tabaco negro y whisky barato, donde cada personaje cumple con su cometido para dar cuerpo a una tradición literaria que refleja la bestialidad y la violencia netamente hispánica.

Adrián Fernández

Los sábados y los domingos suelo bajar a desayunar siempre a la misma cafetería de Malasaña, la que hace esquina entre Espíritu Santo y Marqués de Santa Ana. Me gusta ir sola y os confieso que es uno de mis momentos preferidos de la semana; aprovecho para leer y desconectar de todo y “Perdido entre el fuego” me acompañó dos mañanas en las que me devoré la trama que tiene a Arturo Virgil como protagonista. La primera vez que tuve entre mis manos esta novela debo reconocer que no me atrajo demasiado: suelo fijarme mucho en las portadas y esta no me resultó excesivamente atractiva, pero está claro que no se puede juzgar por la fachada y en su interior encontré una trama que en cada párrafo consiguió trasladarme a cada uno de los escenarios de un pueblo que fácilmente podría encontrarse en cualquiera de las carreteras nacionales de la zona centro de España: el calor sofocante, las calles vacías a la hora de la siesta, las miradas de los vecinos clavándose en la espalda cada vez que te das la vuelta o esas vidas que parecen pasar sin pena ni gloria pero que ocultan personalidades oscuras y secretos inconfesables.

Se podría decir que “Perdido entre fuego” es una novela negra de la España profunda que arranca con la violación de Rosita, una vecina del pueblo al que Arturo Virgil llega de casualidad y en el que tendrá que permanecer más tiempo del deseado, viéndose envuelto en una trama que le hará despertar del letargo en el que vive desde que pierde a su mujer.

Una novela corta pero redonda que me enganchó desde el primer momento gracias a las magníficas descripciones de los personajes, sus sensaciones y las ubicaciones donde se desarrolla la historia. Fue como sentarme en una de las mesas del bar del pueblo y observar cómo llegaba ese forastero a pedir su primer trago de cerveza y seguir sus pasos en la sombra.

* Y al final, si te paras a observar la portada, aunque la tipografía sigue sin convencerme, la ilustración describe perfectamente el entorno de ese pueblo en el que acontecen todos los hechos.

EN 2019 VIVIRÉ SIN REDES SOCIALES

Cuando comencé este blog una de las cosas que más me preocupé en cuidar fueron las redes sociales: invertía mucho tiempo en pensar qué tipo de publicaciones podían interesar, investigaba el contenido de otras páginas similares, tenía activadas las notificaciones en el móvil para poder contestar los comentarios y los mensajes privados en el menor tiempo posible y lo cierto es que tanto en Facebook como en Twitter se creó una comunidad en la que todos aportábamos opiniones y debates a veces interesantes y otras veces incluso divertidos. Además, he tenido la inmensa suerte de no encontrarme con muchos comentarios negativos o irrespetuosos, algo que por desgracia veo en otros perfiles cada vez con más frecuencia. Pero aún con todo lo positivo que me han aportado, las redes sociales dejaron de divertirme hace mucho tiempo.

Trabajo como community manager para diferentes clientes y confieso que me gusta mucho mi trabajo. Afortunadamente ellos no entienden las redes sociales como un poste publicitario y valoran más el contenido de calidad que tratar de conseguir seguidores o me gustas a través de métodos poco fiables, pero aunque resulte complicado de entender, trabajar en las redes de clientes es precisamente eso, trabajo, y lo que hoy expongo en este post es mi punto de vista como usuaria, algo totalmente diferente, donde el uso que hago de las redes sociales no tiene nada que ver con mi faceta profesional.

Facebook fue durante mucho tiempo mi red social preferida: al principio las páginas de empresa, aunque con algunos matices, funcionaban de una manera muy similar a los perfiles personales, lo que implicaba que todo lo que publicabas podía llegar a un número muy elevado de personas, es decir, tu esfuerzo merecía la pena; pero con el paso de los años y con el interés por parte de Facebook de que las páginas invirtiesen en publicidad, poco a poco nos lo empezaron a poner más complicado  y cada vez nuestro alcance era menor, no llegando ni al 10% de nuestra audiencia. Finalmente, y como era de esperar, las páginas comenzaron a invertir en publicidad y a los usuarios esta plataforma le dejó de interesar porque sus muros se llenaron de anuncios. ¿Qué sucedió? Que Facebook pasó de moda y llegó Instagram, una red que aunque a título personal a día de hoy es la que más me entretiene, para este blog me resultaba muy poco útil porque no reconoce  los enlaces y por lo tanto es muy complicado que un usuario se salga de la aplicación para venir a leer el contenido que publico aquí.

Y luego está Twitter, una red social en la que encuentras a personas verdaderamente ingeniosas y también a todos los ofendidos del planeta: una mezcla que puede envenenarte o divertirte durante horas. Yo tiendo a ser de las segundas y aunque durante alguna temporada me ha dado por debatir sobre algunos temas, lo cierto es que lo utilizo más como usuaria pasiva.

Durante los últimos meses, poco a poco he ido desintoxicándome de la dependencia que generan las redes sociales sin apenas darnos cuenta y después de mucho tiempo pensándolo, este 2019 he decidido que voy a vivir sin redes sociales personales. Mi idea es ir contando mi experiencia en este blog (al que entiendo que apenas llegará público teniendo en cuenta que no voy a tener redes para difundir el contenido) y mostraros la evolución y el cambio de vida que va a implicar: en qué invertiré el tiempo que antes dedicaba a estar en las redes sociales, qué pros y qué contras le veo a esta decisión, qué opinarán las agencias de comunicación y si seguirán enviándome información para publicar o para acudir a eventos, si aunque no esté activa en las redes sociales la gente seguirá visitando esta página para interesarse por los artículos que escriba sobre Malasaña, etcétera.

Así que mañana día 27 de diciembre de 2018, procederé a cerrar mis perfiles de Facebook, Twitter e Instagram (y he puesto además en modo privado mis vídeos de Youtube para que tampoco puedan llegarme comentarios). Si me preguntas ahora qué creo que va a suceder, diría que llegará 2020 y que continuaré sin redes sociales, pero vamos a ver qué sucede.

Si te apetece y te pica la curiosidad, puedes dejarme en la sección de comentarios las dudas que te surjan o las preguntas que quieras que responda sobre este “reto” en el siguiente post. Y tú, ¿serías capaz de vivir sin redes sociales?

NUEVE CONSEJOS PARA UNA NAVIDAD RESPONSABLE: NUEVO ARTÍCULO EN SOMOS MALASAÑA

Durante las Navidades de 2017, el gasto medio por español superó los 630 euros, incluyendo dentro de este presupuesto los regalos, el ocio, las comidas y los viajes. 

Estas fechas se pueden disfrutar de muchas maneras y tú puedes elegir la que más te conviene a ti, a los tuyos, a tu barrio y al planeta. Por mi parte te invito a leer los nueve consejos que he dado en mi último artículo para el periódico Somos Malasaña, donde os cuento que disfrutar de una Navidad responsable es posible y además no requiere mucho esfuerzo:

Leer completo “Nueve consejos para una Navidad responsable”

¿QUÉ ECHAS DE MENOS EN MALASAÑA? LOS VECINOS OPINAN: NUEVO ARTÍCULO EN SOMOS MALASAÑA

Como cada tercer sábado de mes, llega mi artículo en colaboración con Somos Malasaña, donde en esta ocasión he hablado con un grupo de vecinos a los que les he preguntado qué cosas echan de menos en el barrio y estas han sido sus respuestas. Espero que os guste y ya sabéis que podéis dejar vuestros comentarios al final de este post o en mis redes sociales:

 

Leer completo “¿Qué echas de menos en Malasaña? Los vecinos opinan”

RESEÑA “LA MOVIDA VISTA POR LOS JINCHOS”

LA MOVIDA VISTA POR LOS JINCHOS

Autor: Nacho Herranz Farelo

Editorial: Café Literario Editores

Tapa blanda con solapa, 131 página

 

  1. Jincho:

      Según la RAE:

             jincho, cha.

             1. adj. El Salv. Dicho de una persona campesina (silvestre, sin cultivo).

     2. adj. P. Rico. Pálido, descolorido.

En Argentina, jincho es sinónimo de yonqui, colgado. Pero dentro del contexto de esta novela, esta palabra adquiere el significado que le atribuye la cultura popular del extrarradio madrileño, refiriéndose a una persona inadaptada, marginal y seguramente dedicada a prácticas delictivas de poca monta.

 

Con la definición de jincho y una nota para lectores nacidos después de 1985 y otra para quienes nacieron entre 1965 y 1975, comienza esta novela de Nacho Herranz Farelo, donde el autor cede su voz a un protagonista quinqui, inculto y trasnochado – aunque debemos reconocerle un cierto punto de ternura – que entre botellín y botellín, describe la verdadera historia de la década de los ´80 en un barrio de la periferia madrileña, donde el desempleo, la inseguridad ciudadana, el tráfico de drogas y el consumo estaban mucho más presentes que Alaska, los pelos cardados de mil colores o ese movimiento cultural y transgresor que a través de los años han tratado de vendernos como generalizado. Nada más lejos de la realidad.

Esta es la historia de Loren, un joven de Villaverde Alto que junto a su pandilla de amigos del barrio, vivió una Movida totalmente diferente a la que se mascaba en Malasaña (que os adelanto que también aparece en esta novela, en la que La Vía Láctea y Joe Strummer se convierten en protagonistas durante algunos capítulos). A través de las páginas de este libro viviremos una época en la que a los ninis no se les llamaba así, aunque ya existían, y en lugar de quedarse en casa viendo series o conectados 24/7 al móvil, se bajaban al parque con los colegas a beberse una litrona y fumarse algún que otro canuto.

A través de 20 capítulos, conoceremos las vivencias de una pandilla con muy pocas expectativas de futuro a la que no le resulta excesivamente complicado dejarse llevar por la ley del mínimo esfuerzo, sucumbiendo a una vida en la que los pequeños actos delictivos se convierten en el pan nuestro de cada día para conseguir un poco de hachís o, en el peor de los casos, caballo.

Posiblemente esta historia – que en ocasiones su estilo narrativo me recuerda a Manolito Gafotas hablando de Carabanchel Alto – sea mucho más real que la que nos cuentan los inicios de Almodóvar o esas pandillas que se movían por Madrid centro y huían de los skins, porque qué queréis que os diga, yo creo que los skins no se habrían atrevido a ir a Villaverde Alto y poner un pie en la zona de Las Torres, porque aquello sí que era peligroso y los jinchos no se andaban con chiquitas.

Una novela plagada de tristeza, delincuencia, derrotismo, pero también amistad, primeros amores y risas que hacen de la historia de Loren, el Leré, el Piñata y el Lupas, una tragicomedia en toda regla que atrapa desde un comienzo y que no podrás dejar de leer hasta que Loren se haya terminado su última cerveza.

SIETE PASOS PARA COMENZAR UNA DIETA VEGETARIANA: NUEVO ARTÍCULO EN SOMOS MALASAÑA

Y como cada mes, regresa mi sección sobre estilo de vida a Somos Malasaña y en esta ocasión os hablo de mi experiencia personal sobre cómo me inicié en el vegetarianismo, algunas falsas creencias y por supuesto, recomendaciones para llenar la cesta de la compra si vives en el barrio. Espero que os resulte de ayuda si estáis en ese proceso de transición y para cualquier duda, ya sabéis que os leo en redes sociales o en los comentarios.

LEER COMPLETO “SIETE PASOS PARA COMENZAR UNA DIETA VEGETARIANA Y CONSEJOS PARA LLENAR LA CESTA DE LA COMPRA”

 

Si tú eres una de esas personas que sigue una dieta vegetariana, seguro que habrás escuchado muchas veces frases del tipo “uy, pues seguro que tienes una analítica terrible”, “dejas de comer carne y tomas suplementos, pues eso no creo que sea bueno”, “¿y si algún día te quedas en una isla desierta sin posibilidad de volver a la civilización tampoco vas a comer pescado?”, “¿y qué problema hay en tomar huevos camperos si esas gallinas viven mejor que tú y que yo?”, “¿entonces te preocupan más los animales que las personas que están haciendo ropa en talleres clandestinos?”, “¿y si hay un accidente y solo pudieses salvar a un bebé o a un perrito, a quién escogerías?”. Os suenan, ¿verdad?